Grease (1978)



















Director: Randal Kleiser

Duración: 110 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: John Travolta, Olivia Newton-John, Stockard Channing, Jeff Conaway, Barry Pearl, Michael Tucci, Kelly Ward, Didi Conn, Jamie Donnelly, Dinah Manoff, Eve Arden, Frankie Avalon, Joan Blondell, Edd Byrnes, Sid Caesar, entre otros.

" Verano de 1959. Sandy Olsen y Danny Zuko han pasado un romántico y maravilloso verano juntos, pero, cuando las vacaciones se acaban, sus caminos se separan. Inesperadamente, vuelven a verse en el Colegio Rydell, pero la actitud de Danny ya no es la misma. Ya no es el chico encantador y atento que encandiló a Sandy; ahora es engreído e insensible."

Si en algún sentido o punto de vista, esta cinta puede ser considerada como obra maestra, clásico y/o película de culto, debo decir que no creo que esa haya sido la intención de los encargados de llevar a cabo este proyecto. Considero que teniendo en cuenta la forma en cómo está estructurada y la historia tan simple, sería una tarea prácticamente descabellada considerar que la intención fue realizar una obra de esa índole. 
Pero más que fijarme en el trasfondo del argumento del relato, prefiero indagar en aquella esencia que se impregnó en esa generación que gozó con cada fotograma y cada segundo de esta película, con todos sus elementos, entre los que destacan: la banda sonora, la caricaturización de los personajes, las escenas legendarias, los diálogos hilarantes, y su infinita fuente de alegría y reproducción de los sentimientos más profundos en personas de una determinada edad.
Aquello que parece estar más allá de lo visible, a mi parecer casi sin intención, ha sido dibujado en el inconsciente de una época y de los actores de la misma, con un alma tan entrañable y divina, que muchas de las personas que visitan este majestuoso musical por primera vez se enamoran como si de su época se tratara. He aquí un elemento esencial en la composición del arte, la belleza atemporal, esa emoción casi impronunciable, la cual adquiere fuerza conforme pasan los años, aquella creación se interna en tu alma y no sale más.
Aunque ya había podido apreciar trozos de la reconocida película que dirige Kleiser, he de confesar que nunca antes la había visto completa, como para poder reseñarla. Hoy por fin lo conseguí y no he dudado en que se merece una buena crítica. 
Leyendo un poco, me he dado cuenta que algunos críticos reconocen que el musical es un disfrute a pesar de sus fallos y que no hay que avergonzarse por reconocerlo, les encanta. Y yo me pregunto ¿acaso no se esconde tras esta cinta, un brillante musical?
Ambientada en los años 50, una época idealizada por los norteamericanos, en su ambiente de preparatoria con sus bailes, sus ligues y sus tonterías (supuestamente) adolescentes, la cinta tiene una carga de cierto desencanto juvenil que trasciende más allá de los números musicales. Los personajes (ciertamente estereotipados) está bien dibujados y responden a todos los lugares comunes imaginables, reflejando diferentes actitudes ante la vida que van a continuar lejos de la escuela. Yo me he preguntado ¿qué sería de esos personajes unos años después? La película, en un indicio de realismo, se lo plantea también. Hacia el final, un personaje expresa ¿qué sera de nosotros ahora que se acaba el curso? El protagonista le responde, siguiendo la lógica del discurso de la obra: estaremos siempre juntos.
Pese a que la historia no deja lugar a sorpresas, pues de todos es sabido su final, la historia funciona bien básicamente por la acertada combinación con los divertidos números musicales. Es tan simple que haya ganado notoriedad, ya que aquí se pueden encontrar todos los ingredientes necesarios para que una película resulte atractiva y taquillera: hombres y mujeres jóvenes con ganas de diversión, romances, convertibles, rock and roll, carreras de coches y bailes masivos en el gimnasio de la escuela. Nos guste o no, todo eso pertenece a nuestro imaginario colectivo, y por lo tanto a su correspondiente representación cinematográfica,  no exenta en muchos casos de ridiculización.
Los bailes y los modos de andar de Travolta se hicieron populares gracias a su vulgar improvisación del personaje de Danny Zuko y su reencuentro final con una rizada y no tan inocente Sandy Olsen el día de la graduación. 
Sin embargo, la seguimos encontrando especial. Está claro que tiene algo. Algo que hace que cada vez que la ponen en la televisión se le observe con atención, a pesar de que muchos se la saben de memoria. Quizás sea por la música, ya que estamos ante uno de los mejores y probablemente también, el musical más famoso de toda la historia del cine. Y si les parece inverosímil, puedo señalar como prueba irrefutable que me ha tocado ver como en algunos lugares se ponían las canciones que la integran y la gente se emocionaba. Quizá sea la nostalgia, esa visión idealizada de los años cincuenta, o quizá porque es enormemente divertida.
En ese sentido, no es apta para la gente que solo disfrute con dramas de lágrima obligada o cintas oscuras. Es para quienes disfrutan con el cine repleto de diversión, optimismo y que se jacta de ser desvergonzado. Es justo que un cine como este deba existir, aunque parezca ser más disfrutable para algún adolescente. Por cierto, Olivia, preciosa ¿o no?

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