Titanic (1997)



Director: James Cameron

Duración: 194 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Billy Zane, Kathy Bates, Frances Fisher, Gloria Stuart, Bill Paxton, Bernard Hill, David Warner, Victor Garber, Jonathan Hyde, Suzy Amis, Lewis Abernathy, Nicholas  Cascone, Anatoly M. Sagalevitch, entre otros.

" Jack Dawson, un joven artista, gana en una partida de cartas un pasaje para viajar a América en el Titanic, el trasatlántico más grande y seguro jamás construido. A bordo conoce a Rose DeWitt Bukater, una joven de una buena familia venida a menos, que va a contraer un matrimonio de conveniencia con Caledon 'Cal' Hockley, un millonario engreído a quien sólo interesa el prestigioso apellido de su prometida. Jack y Rose se enamoran, pero el prometido y la madre de ella ponen todo tipo de trabas a su relación. Mientras tanto, el gigantesco y lujoso trasatlántico se aproxima hacia un inmenso iceberg."

Al margen de la inmensa y deslumbrante calidad tanto técnica como emocional de esta impresionante película, resulta sorprendente la facilidad con la que el público la desprecia empleando falacias tales como : 'no tiene guión', ¡es producto de una campaña de marketing!, 'sólo hay dinero en ella' y otras por el estilo que nunca terminan.
Obviamente todo el mundo tiene derecho a dar su opinión, eso es indudable, y no a todo el mundo esta película tiene que parecerle una obra maestra absoluta; pero tratar de justificar que es una mala cinta no es más que una clara muestra del tremendo esnobismo que impera entre un determinado sector del "público" que asegura le gusta el cine. Más bien parece necesita despreciar lo que llaman "comercial" para sentirse importante, tremendamente culto o superior al resto de la humanidad. Sí, el mundo está lleno de esnobs, farsantes y hipócritas. El mundo está repleto de imbéciles.
Por supuesto, la historia de la obra puede o no gustar, está claro. Sin embargo, la impecable factura técnica del proyecto resulta tan abrumadora a un nivel puramente académico que cualquiera que comprenda al menos el significado de la palabra CINE será incapaz de tachar esta película de mala. Podrá no interesarles el relato y por ello la califiquen de regular, o algunos podrán tener la sensación de que los actores no encajan en sus papeles y denominarla inverosímil o por mil motivos más denostarla, pero ya instalados en ese punto a expresar que es mala, todavía queda un auténtico abismo.
Desde mi punto de vista, la película es una de las grandes obras de los años 90, ya que consiguió integrar con auténtica destreza el cine que también es espectáculo con el cine romántico; explosivo cóctel que, por otro lado, logró cautivar a un mayor número de espectadores sobre el planeta que cualquier otra. Lo siento por sus detractores, puesto que el solo hecho de pensar que tantos millones de asistentes a las salas de cine fueron engañados por una efectiva campaña publicitaria o unos deslumbrantes efectos especiales, no deja de ser poco menos que un auténtico sinsentido. 
Cuando uno va al cine a ver la película más galardonada de la historia, pone el listón tan alto que difícilmente se cumplen después las expectativas. Fue el estreno del momento, la película del año. Una superproducción con un presupuesto descomunal, una banda sonora que no dejaba de aparecer en los medios y una desmedida inversión en publicidad. No se hablaba de cine sin hablar de Titanic. A la hora de valorar cualquier cosa, siempre somos más generosos con aquello de naturaleza humilde, y raramente lo somos con aquello que representa la ostentación y los excesos. El protagonismo de la creación de Cameron fue realmente excesivo.
Lo interesante de todo ello es intentar el mantenerse aislado de quienes la alaban y de quienes la critican, para de ese modo sacar una conclusión personal. Mi posición es que es una buena película desde lo discursivo (es decir, por la reflexión que encierra) y una excelente obra desde lo técnico. Eso puedo manifestar después de casi 15 años de no haberla visto de nuevo, hasta el día de ayer que volví a toparme con ella. Aún recuerdo cuando fui a verla al cine. Con 15 años, en plena edad de la hormona alterada y con un grupo de amigos, la tarde no se podía presentar más prometedora. Pero eso no importa.
La historia está dividida en un prólogo y dos partes bien diferenciadas.
En el prólogo es donde James Cameron consigue captar toda la atención del espectador al revelar con maestría lo que será el espíritu de la cinta: un alarde de refinamiento tecnológico, expresado en las aterradoras imágenes del trasatlántico hundido; y después nos presenta una tierna historia de amor, que será narrada por una centenaria Rose, mediante un hermoso flashback, en el que recordará el amor y la tragedia que marcaron su vida para siempre.
El primer bloque corresponde a la presentación de los protagonistas y está centrada en la emotiva historia de amor entre Jack y Rose. Aquí destacaría la magistral interpretación de Kate Winslet como Rose, que consigue transmitir con sus miradas todas las emociones del personaje. Destacable el alarde técnico de los movimientos de cámara alrededor del barco y la excelente partitura de James Horner que impregna de sensibilidad y majestuosidad la romántica historia. Por supuesto, no todo era Celine Dion en la música con que contó.
El segundo bloque corresponde a la descripción del lento y angustioso hundimiento. Y aquí habría que acentuar a nivel argumental la habilidad que supone pasar a segundo término la tragedia individual, para centrarse en la tragedia de tantas personas que murieron en aquella catástrofe. En ese sentido, son terroríficas escenas como aquella en la que los pasajeros de tercera clase, literalmente encerrados en las bodegas sufren por sus vidas o las de la búsqueda de supervivientes entre los cientos de cadáveres que flotan en el mar.
Sólo que eso no es todo. En mi caso, siempre me he sentido fascinado por la historia del Titanic, el transatlántico que en aquel momento fue llamado el mayor barco del mundo, nada más arrogante que eso. Un barco que fue diseñado para ser lo último en lujo y comodidad. Un barco que para mí representa toda la estupidez y la soberbia humana, la que únicamente se mantuvo 4 días a flote sobre el mar. Ese mismo que señalaban era indestructible y que jamás pudo contra la gran capacidad de la naturaleza y contra la propia idiotez humana. Nada más bastaría con subrayar que los botes eran insuficientes (por espacio y en pro de la estética), que el iceberg fue avistado tardíamente (porque se les olvidaron los binoculares) y que si se hubieran enviado adecuadamente los SOS el buque más cercano hubiera acudido a las primeras llamadas. Nada más que el hubiera no existe, ni sirve para nada. Todo eso es historia. Todo eso es lo de menos. Lo que si esperaría es que el hundimiento del barco sea demoledor; que corte la respiración y que no decepcione. Porque el Titanic siempre será el gran barco que se hundió. Y seré claro, Cameron consigue que el hundimiento del famoso barco sea el mejor y más espectacular jamás filmado nunca. Y para que lo disfrutemos, más de cuarenta minutos de cinta son los que dedica exclusivamente al desmoronamiento.
En fin, ha sido placentero volver a esta cinta, encontrarme de nuevo ante la misma película que vi catorce años atrás en pantalla grande. Fue satisfactorio volver a ese relato de aquellos que iban a bordo y que durante cuatro días se creyeron los reyes del mundo, rumbo a un destino que entonces, plenos de entusiasmo, nada excepto la tragedia podía empañar. 


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