Lone Star (1996)




Director: John Sayles
 
Duración: 135 minutos
 
País: Estados Unidos
 
Elenco: Stephen Mendillo, Stephen J. Lang, Chris Cooper, Elizabeth Peña, Oni Faida Lampley, Eleese Lester, Joe Stevens, Gonzalo Castillo, Richard Coca, Clifton James, Tony Frank, Miriam Colon, Kris Kristofferson, Jeff Monahan, Matthew McConaughey, entre otros.
 
" En el desierto de Texas, en un pueblo con numerosos inmigrantes mexicanos, aparece un hombre muerto. Durante la investigación, el sheriff encargado del caso tendrá que enfrentarse con algunos enigmas de su pasado."
 
John Sayles es un cineasta cuya trayectoria podría ser calificada de irregular. Pero de lo que no cabe duda, y eso ya es un mérito, es que siempre ha hecho lo que le ha dado la gana, huyendo de las modas y tocando todos los géneros que le han apetecido en cada momento.
Para esta, quizás su película más redonda, el director aborda sin complejos, una especie de Western fronterizo, dotándolo de todos sus elementos clásicos. Pero lejos de conformarse con eso, Sayles estira el concepto del género sumergiéndonos en un poderoso drama, donde una rutinaria investigación policial sirve como excusa para mostrarnos los fantasmas del pasado que acosan a una aparentemente tranquila población.
La narración está centrada en un pueblo perdido entre la frontera de Estados Unidos y México, en el condado de Río. Ahí dos militares se han topado en el campo de tiro de su base, casi sin quererlo, con un cadáver. Hueso puro, con anillo de masón y placa de sheriff. Es decir, hay nuevo trabajo para Sam, hijo de Buddy Deeds, el mejor sheriff de la historia del pueblo. Según se decía, era justo como ninguno, pero su forma de llegar al puesto no fue muy nítida. Menudo comienzo.
Uno de los grandes aciertos de la cinta está en como se enfoca el desarrollo de la trama, con una historia pasada, contada de boca en boca por los diversos personajes que componen el paisaje local y que permite contrastar sus versiones en función de sus secretos, temores e intereses ocultos.
También se recurre al tradicional recurso del flashback, pero lejos de resultar reiterativo, de lugar común o demasiado discursivo, se usa de forma sensata, dosificándolo a cuentagotas, lo que ayuda a generar una atmósfera más misteriosa y mítica al pasado, lo que resulta especialmente útil a la hora de mostrar unos personajes que proyectan su sombra de forma casi omnisciente, obsesiva y amenazadora, como si con un sólo gesto pudieran volver y desenmascarar todos los trapos sucios que se esconden, los que constituyen el eje central de todos los miedos y medias verdades que forman los cimientos de la vida cotidiana.
Como espectador la película te engancha desde el inicio y te convierte en uno más del condado y de los sucedos que te está contando, dando relevancia y esforzándose en que se halle interés en cada una de las historia secundarias que abarca. Personas dañadas por falta de cariño paternal, amores de infancia rotos que vuelven a encontrarse, tensiones nacidas por la mezcla de algunas culturas y razas, hasta hace poco enfrentadas y con heridas no subsanadas. En general, un entramado de personajes y circunstancias más que interesantes que te ofrecen un visionado del mismo nivel.
Así, esta película que tiene como debilidad el haber pasado tan desapercibida, se configura como una obra destacada, que trata temas tan complejos como la moralidad, el amor, el racismo y la soledad. Todo ello a través de una perspectiva arenosa, seca, cruda, sin contemplaciones; pero también se da la oportunidad de abrir una puerta a la redención y a la esperanza, para desembocar en uno de los finales más libres, arriesgados y desacomplejados del cine de nuestros tiempos.
Fue así como en un pueblo perdido entre la frontera de Estados Unidos y México la sangre tenía que correr. Y la verdad que aparecer.

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