Bronenosets Potyomkin (1925)




Director: Sergei M. Eisenstein

Duración: 75 minutos

País: Unión Soviética

Elenco: Aleksandr Antonov, Vladimir Barsky, Grigori Aleksandrov, Ivan Bobrov, Mikhail Gomorov, Aleksandr Levshin, N. Poltavtseva, Konstantin Feldman, Prokopenko, A. Glauberman, Beatrice Vitoldi, Brodsky, Julia Eisenstein, Andrei Fajt, entre otros.

" Basada en hechos reales ocurridos en 1905, narra como la tripulación del acorazado Príncipe Potemkin se cansa del tratamiento vejatorio e injusto de los oficiales. El detonante de la situación es la carne podrida que éstos quieren que los marineros se coman. Con este motín comienza la revolución por Odesa y toda Rusia."

A nadie le gusta comer carne podrida. A nadie le gusta que lo maten de hambre, que lo traten peor que a un perro callejero, y ver que hasta las ratas viven mejor. Eso les ocurrió a los marineros del Potemkin. Se hartaron de ser pisoteados por unos oficiales demasiado duros, por un régimen en el que una miseria habitual llevaba alimentándose desde tiempos inmemoriales en los ciudadanos comunes, en los campesinos de la vasta e interminable Rusia, en todos los humildes trabajadores.
Aquellos marineros fueron el punto de partida de una revolución que derrocaría la peste zarista para instaurar la peste comunista. Como fuera, Rusia estaba condenada al hambre y a la pobreza compartida, pero las revoluciones como las que se originaron en 1905 ofrecían un poco de ilusión de cambio y de renovación. Aunque no fuese más que para salir de la boca del lobo y meterse en la del diablo.
Esta obra es una buena película, fundamente por motivos técnicos. La mayoría de las personas que lleguen a observarla sin una mirada centrada en la técnica cinematográfica, lo más seguro es que piensen que resulta aburrida, porque se está acostumbrado al montaje norteamericano, al montaje donde la historia está por encima de todo y aquí ocurre justo lo contrario, ya que el hilo narrativo está supeditado al montaje y a la consecución de los planos. En todo caso, este comentario va dirigido a aquellos incautos, aficionados al cine, que quieren ampliar su espectro cinematográfico viendo clásicos de todas las épocas, sin ataduras, a pesar de que puedan estar influenciados en sus gustos, tendencias y estilos por el cine más reciente; y que al mismo tiempo no realizan análisis profundos de los alcances, contextos y aportes al cine de esos clásicos.
Eisenstein eligió uno de los episodios clave de la agitada historia de Rusia, el que fue el detonante de la cáida del imperialismo y el alzamiento del comunismo, para filmar una de las películas más atrevidas de su tiempo.  La escena de las escaleras del puerto de Odesa quedará en la memoria colectiva de muchos fanáticos al Séptimo Arte. Sin tregua, las opresoras fuerzas del zar disparan indiscriminadamente a la multitud por la espalda (lo que en los Westerns se defino como un 'acto de cobardía') para continuar cargando sus fusiles y disparar a quemarropa a una compasiva madre con su hijo muerto en brazos. Esta dramática escena queda en el recuerdo junto con la de la carreola que va cayendo sin control alguno por las escaleras ante la expresión de impotencia y pánico del pueblo que lo contempla. Gritos mudos que, por algún extraño efecto, se oyen estruendosamente en el alma, exaltación de la muchedumbre que se huele, disparos y cañonazos que retumban en el silencio. Asombrosamente, no se extraña el sonido. No hace falta.
Se han vertido enormes cantidades de tinta acerca de la insólita y excelente labor de edición y montaje, que influiría posteriormente en el cine mundial. Los actores eran amateurs, nada de figuras ni estrellas de la pantalla. Multitudes heterogéneas de personas que abarrotan la escena en múltiples planos que derrochan dinamismo, con el espectador casi tocando la inquietud de la masa que se mueve a favor de un objetivo común e incendiario, que corre como la llama en una mecha.
Perspectivas visuales en constante cambio, expresionismo que se sirve de la presencia viva del barco, de las olas del mar, del reflejo del sol y de la luna en las aguas, de la niebla, de los misterios de la luz, del movimiento incesante, elipsis magistales, efectos de imagen osados, sorprendentes para su tiempo.
Historia, drama social, espectáculo y genuino cine, unidos en una combinación que rompió moldes.

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