L'uccello dalle piume di cristallo (1970)






Director: Dario Argento

Duración: 98 minutos

País: Italia/Alemania Occidental

Elenco: Tony Musante, Suzy Kendall, Enrico Maria Salerno, Eva Renzi, Umberto Raho, Renato Romano, Giuseppe Castellano, Mario Adorf, Pino Patti, Gildo Di Marco, Rosita Torosh, Omar Bonaro, Fulvio Mingozzi, Werner Peters, Karen Valenti, entre otros.

" Sam Dalmas, un joven escritor americano, está a punto de marcharse de Roma para volver a Estados Unidos. La noche antes de su partida asiste a la agresión de Monica Ranieri: alguien la apuñala y desaparece en la oscuridad. El comisario Morosino es encargado de la investigación e informa a Sam de la posible presencia de un asesino en serie en la ciudad; la misma persona que ya ha matado con arma blanca a tres chicas podría haber intentado apuñalar a Monica. Sam decide aplazar su marcha e investigar por su cuenta".

Primer largometraje del controvertido director italiano Dario Argento. Junto con las dos siguientes películas que rodó, de las cuales una en el título lleva un gato y la otra unas moscas, conforma la conocida como "Trilogía de los animales", todas ellas son obras pertenecientes al género denominado Giallo, una variante propiamente italiana del thriller que tuvo su iniciador en Mario Bava en 1963 y tuvo su momento de esplendor en la primera mitad de los 70, aunque hasta hoy siguen produciendose películas de este género en Italia e incluso en España. 
El género se caracteriza por ciertos rasgos temáticos: contenido sexual con especial énfasis en perversiones sexuales de diversos tipos, tendencia a abusar de clichés psicoanaliticos, investigación del crimen siempre a cargo de uno o varios detectives aficionados, no de la policía, crimenes mostrados gráficamente y finalmente se le brinda mucha importancia a lo puramente formal que a la coherencia de la trama, que en ocasiones parece una mera excusa para dar consistencia a la parte visual.
Esta obra de Argento participa de todas las características expuestas. En ese sentido, cabría señalar que estamos en resumen ante una trama sugestiva aunque poco verosimil, que se sigue con agrado si no se es demasiado exigente.
La puesta en escena sorprende por lo bien cuidada que está. El color es un importante elemento narrativo, y existe además una iconografía siniestra, con objetos que llaman poderosamente la atención, como esa especie de garra de ave prehistórica que se aprecia en la galería de arte. La arquitectura tiene una gran importancia: es un motivo para destacar el partido que se le saca a unas simples escaleras en dos escenas de la cinta, plasmando un espacio laberíntico que contribuye a acentuar la sensación de angustia de las víctimas. La fotografía corrió a cargo de Vittorio Storaro, y la banda sonora nada menos que de Ennio Morricone quien combina melodías tiernas y otras que crispan los nervios por lo inquietantes que resultan para el oído, donde destaca esa voz femenina muy suave que suena como si de una canción de cuna se tratase, contrastando en muchas ocasiones con la amenazante y escalofriante puesta en escena. El punto débil del filme es, como ocurre en todas las películas del género, el guión. Para disfrutarla realmente, es preferible no hacerse demasiadas preguntas, ya que tal vez no se puedan encontrar para ellas, respuestas satisfactorias y tener la estupenda oportunidad de recrearse en su belleza visual.
Durante toda la narración, Dalmas se interroga sobre lo que ha visto  esforzándose por recordar algun detalle que permita facilitar la captura del enigmático 'asesino serial, en una progresión de breves flashbacks en los que volvemos a observar una y otra vez, en cada ocasión con mayor detalle, la agresión inicial, aunque el director se preocupa mucho en no mostrar el elemento en el que reside la clave del enigma hasta el cierre de la cinta. 
El uso de la cámara subjetiva es brillante. Véase por ejemplo la escena en la que se muestra la caída de un personaje al vacío con este recurso, como si fuese el propio espectador el que estuviera cayendo. Algo muy caracteristico también del género es el giro final de la trama, con la solución inesperada que el director se saca de la manga o poco menos el descubrimiento final del asesino. Y aquí entra, de manera muy forzada, el tema de la locura, de la enfermedad mental, un recurso para cerrar las tramas de los thrillers muy explotado en los años 60 y 70, seguramente por la influencia de Psycho de Hitchcock.
En fin, lo que en otros sería defecto, en algunos genios es virtud y sus excesos son auténtico barroquismo: exageración y belleza al mismo tiempo. Sus mujeres ensangrentadas van mucho más allá del gore o del suspenso y mucho más allá de una historia y su forma de contarla, cine puro y duro: la imagen que impacta y te penetra. Como un cuchillo.

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