Fish Tank (2009)




Director: Andrea Arnold

Duración: 123 minutos

País: Reino Unido/Holanda

Elenco: Katie Jarvis, Michael Fassbender, Kierston Wareing, Rebecca Griffiths, Harry Treadaway, Sydney Mary Nash, Carrie-Ann Savill, Toyin Ogidi, Grant Wild, Sarah Bayes, Charlotte Collins, Kirsty Smith, Chelsea Chase, Brooke Hobby, Jason Maza, entre otros.

" Mia, una adolescente frustrada de quince años, huérfana de padre y cuya madre apenas se ocupa de ella, sufre un verdadero colapso cuando se entera de que su madre está saliendo con un chico. Pero lo que ya le resulta intolerable es que pretenda llevárselo a casa."

Cada vez que un director inglés decide hacer una película sobre la clase obrera ambientada en los suburbios de una gran ciudad británica, las comparaciones con Ken Loach son inevitables. Y nada importa, aunque las intenciones y los resultados del director en cuestión sean completamente distintas a las del propio Loach. Eso es lo que le pasó a la directora Andrea Arnold cuando se dio a conocer, no hace mucho tiempo, al gran público con su obra Red Road.
Su segunda película, que es la que hoy consume mi tiempo y mis energías, se puede señalar que tiene más puntos en común con lo que se puede esperar de una película de estas características. Su componente social está más acentuado y resulta más obvio. Pero aun así, Andrea Arnold vuelve a mostrar más interés en las personas que en sus circunstancias.
La historia se centra en Mia, que a sus quince años es una adolescente enojada con el mundo. Ella y su madre, todavía joven, no se soportan, tiene una hermana menor que es un verdadero fastidio, se lleva mal con sus amigas, y se mete en problemas en cuanto se le presenta alguna ocasión. Solo con el baile consigue aislarse de todo lo que la rodea y disfrutar de unos buenos ratos de tranquilidad. 
Todo cambia el día en que su madre consigue un nuevo novio. Un tipo atractivo, educado y amable al que poco a poco va considerando como su único aliado en su difícil paso por la adolescencia.
Si intentamos traducir el título sería algo así como "tanque de peces" o para ser más precisos 'Pecera'. Así es exactamente como parece sentirse la protagonista, en una pecera de la que no puede salir. Todo a su alrededor se confabula para ir en su contra. Esa debe de ser la metáfora de todo esto: el mundo es cruel, las madres ya no son lo que solían ser, las amigas se alejan de ti, la sociedad te pone contra la pared y tú, pobrecito, una victima sumergida en la pecera, y sin posibilidades de salir de ella. 
Por otra parte parte, la utilización de la música es bastante lograda en varias cuestiones. En primer lugar sirve para criticar a la misma o incluso a la sociedad que la consume, con letras bastante machistas, entre otras cosas, pero que expresa en muchas ocasiones el sentir de algunos de los personajes. Ahora que el Rap había sido desechado del cine social (cuando en los 90 casi no podían estar separados), su inclusión de nuevo en este tipo de proyectos tiene mucha más lógica tal como lo plantea la directora, siendo utilizado como un recurso narrativo, ya que sabemos que su chica protagonista anhela lograr ser bailarina.
Destaca, por encima de los demás, la actriz protagonista. Navega entre peleas de barrio, travesuras, alcohol y lágrimas. Se muestra inaccesible, en principio, y sensible más tarde, pero siempre despojada de la inocencia necesaria en la pubertad. Arnold la sacó de la nada, y en su debut se muestra natural y espontánea. El resto cumplen, sin más. A excepción de la hija pequeña, que se lleva la nota de humor cínico.
Sin embargo, entre sus debilidades citaría que el guión no profundiza demasiado en el conocimiento de los personajes, esbozándolos como meros analfabetos funcionales, como seres básicamente primitivos moviéndose en un hábitat de barro, asfalto y paredes sucias que, a pesar de todo, todavía conservan sentimientos un poco más complejos que los primarios, aunque traten de disimularlos porque quizá no cuadran con la dureza del entorno.
Finalmente da la sensación de que Arnold no ha sabido desarrollar una idea inicial y que conforme la película avanza hacia su tramo final la historia va perdiendo consistencia (la especie de baile-despedida entre madre e hija acaba cerrando el desconcierto) lleva al espectador al mismo callejón sin salida que parece ser el destino de su protagonista.
Es posible que no sea una de esas películas que se recuerdan con el paso del tiempo, pero, al menos, nos mete de lleno en aquellos barrios en los que, los trozos de asfalto, las ventanas abiertas, las puertas cerradas y las habitaciones estropeadas y marchitas, siempre tienen algo que contar.

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