12 Years a Slave (2013)




Director: Steve McQueen

Duración: 134 minutos

País: Estados Unidos/Reino Unido

Elenco: Chiwetel Ejiofor, Dwight Henry, Dickie Gravois, Bryan Batt, Ashley Dyke, Kelsey Scott, Quvenzhané Wallis, Cameron Zeigler, Tony Bentley, Scoot McNairy, Taran Killam, Christopher Berry, Bill Camp, Mister Mackey Jr., Chris Chalk, Paul Giamatti, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Michael Fassbender, Sarah Paulson, Lupita Nyong'o, entre otros.

Aunque ya lo hayamos visto mil veces por la televisión, en el cine, o por cualquier medio o tipo de influencia cultural o artística, nos enfrentamos de nuevo con otra película sobre la esclavitud. Una obra más sobre la brutal e irracional explotación de los esclavos africanos en la potente industria esclavista de los inicios de los Estados Unidos de América. 
Por eso me esperaba que el británico Steve McQueen, que en algún punto trató un tema tan complejo como la adicción al sexo en su anterior trabajo de nombre Shame, aportara alguna luz de originalidad sobre el tema, sin embargo parece que mi deseo solo se quedó en eso. Si me encontré con su característico austero estilo visual, con su narrativa sobria y nada más. Es decir, más de lo mismo. Y lo que es peor, con más de dos horas de un ejercicio repetido de historias que como espectador ya conozco de sobra, en donde siempre aparecen hombres injustamente convertidos en esclavos (vinieran de África o del norte de América donde ya había negros libres), con patrones incapaces de tener misericordia o compasión y egoístas vestidos con un barniz de honorabilidad, que cometen las mismas arbitrariedades, atropellos, abusos y demás propios de ese egoísmo humano hasta llegar a un eterno etcétera.
Puedo comprender que Hollywood cada cierto tiempo revise la (corta) memoria de su país en un intento pedagógico, emocional e histórico de no olvidar lo positivo y lo negativo de sí mismos como nación (y ojalá todas las cinematografías lo hicieran contando con el mismo prepuesto, habilidad y narrativa con que lo hacen ellos) pero por lo menos que lo hagan añadiendo alguna observación diferente, que intenten sorprender con algo nuevo. Hay tantos temas en su historia que insisten en tocar y que son el fértil campo de cultivo de sus guionistas y está perfecto que sea de esa forma, sin embargo a estas alturas solo merece la pena echarle un ojo cuando lo realizan de modo diferente. Y otras dos horas y cuarto de lo mismo, me ha aburrido soberanamente, por mucho que su fotografía sea de calidad, sus actuaciones estén adecuadas y el guión no caiga en muchos disparates, sin estar necesariamente logrado.
A su director, probablemente le ha ocurrido lo que a otros aclamados realizadores procedentes del cine independiente al pasar a las ligas mayores (que al final es lo que todos quieren, aunque lo nieguen): sus carencias se convierten en una cuestión más evidente, los proyectos le quedan grandes, y las presiones de los estudios con quien no suelen estar acostumbrados a batallar, acaban disminuyendo el resultado de sus obras.
Lo que yo he presenciado, es una constante y creciente decepción. La cinta parece una procesión de personajes sin definir y situaciones sin aprovechar. Pocos son los personajes a los que consigue sacar provecho y justificar tanto su función, como su aparición dentro del relato. Hay muchas ideas que apenas se plantean y después terminan abandonándose en el limbo, muchas tramas secundarias que desaparecen sin acabar de desaparecer. También se dan relaciones que no se explican, ni se pueden llegar a intuir, dejando a la historia carente de las aportaciones que podrían haberse hecho en muchos momentos y en ciertos caminos que podrían haberse tomado. Casi nada contribuye al desarrollo del guión. Todo fluye  de manera lineal y con una estructura como si se trataran de episodios de una serie, por muchas elipsis que intenten meter forzadamente y por mucha apariencia armoniosa que quieran darle al conjunto.
Y es entonces cuando aparece el reparto. Por nombres, antes de observarla sonaba muy atractivo. Después de hacerlo, ya no tanto. Destacaría por encima del resto a la rebelde Patsey interpretada por la actriz mexicana-keniana Lupita Nyong', quizás la única que realmente sobresale en un papel no muy bien escrito y que salva ella sola con su interpretación. En cuanto a Chiwetel Ejiofor, el protagonista indiscutible de la historia, cumple sin grandes dificultades, aunque nos muestra en todo momento un personaje hundido y rendido. Si era esa la intención lo ha conseguido; si deseaba transmitir algo más, se ha quedado corto.
Es tan irregular que no acaba de decidirse entre una cinta intimista y una más "comercial". No acaba de decidirse entre contarnos la historia de Solomon o contarnos algo más. No acaba de decidirse entre conmover u horrorizar. Entre meternos en la narración, o alejarnos de ella. Entre aburrirnos mortalmente o nada mas distraernos. No determina si usa un lenguaje más personal o más purista, si se concentra entre ir al grano o distraernos con planos vacíos. Podría haber hecho todo ello y combinarlo en una obra singular y notable o decantarse por alguna de las opciones, pero no lo ha hecho.
Conseguirá alguno que otro premio de toda esa avalancha de nominaciones que tiene, más por el tema que trata que por otra cosa. Y luego veremos como muchos de los críticos se empezaran a retractar en breve, como suelen hacerlo y en un par de meses, nadie se acordará de ella.

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