Being There (1979)




Director: Hal Ashby

Duración: 130 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Peter Sellers, Shirley MacLaine, Melvyn Douglas, Jack Warden, Richard Dysart, Richard Basehart, Ruth Attaway, David Clennon, Fran Brill, Denise DuBarry, Oteil Burbridge, Ravenell Keller III, Brian Corrigan, Alfie Brown, Don Jacob, entre otros.

" Un simple jardinero vestido con un lujoso abrigo, un paraguas en una mano y una maleta en la otra, se convierte inesperadamente en el asesor de confianza de un poderoso hombre de negocios y al interior de la política en Washington."

La adaptación de la novela del mismo nombre, del escritor polaco Jerzy Kosinski, había sido un objetivo perseguido de manera obsesiva por Peter Sellers desde que leyera la novela a principios de los años setenta. Sellers, actor camaleónico, se había sentido identificado con el personaje de la obra, un hombre simple y dócil, retardado mental y emocionalmente, y quería darle vida, quizá porque como él mismo había confesado al crítico Roger Ebert: No tengo personalidad propia para ofrecerle al público. No puedo hacer nada dentro de mí. No tengo nada para proyectar. Tengo tantas inhibiciones que a veces me pregunto si realmente existo. Palabras un tanto exageradas, pues Sellers es sin duda uno de los grandes talentos interpretativos, especialmente cómico, del cine moderno.
Son bastantes los psicólogos que se manifiestan en contra de la televisión y que consideran que, sacarla de la casa es una sabía decisión pues, así mejorará la comunicación entre la familia, además de que los hijos (y los padres) se sacarán de la cabeza el incansable consumismo al que son expuestos en ella. Yo estoy de acuerdo con esta idea, aunque no me animo a descartar a la televisión, porque me sirve todavía para ver las películas, series, música y demás actividades que suelo apreciar en ella. Aunque con tantas plataformas que existen en la actualidad para observar lo antes mencionado, siento que en algún punto la televisión será cosa del pasado o tal vez no.
La película cuenta una historia que podría parecer imposible o simplemente absurda, que a veces hasta podría presentarse extraña e incluso de modo milagroso hasta considerarse de lo más real: un hombre con la edad mental de un niño, probablemente con cierto grado de retraso mental, que se ha pasado toda su vida protegido y tratado como lo que da síntomas de ser, sin salir apenas de su casa, viendo muchísima televisión y cuidando de su pequeño jardín, de repente se ve solo en la vida, sin su protector y obligado a abandonar el hogar. 
En ese punto, casi cualquiera podría identificarse con el personaje, que representa al ser humano común sin un techo de repente; pues de la noche a la mañana a cualquiera se le terminan las seguridades más sólidas que poseía y tiene que comenzar de cero frente a la tremenda incertidumbre, y entonces el gran defensor será lo que eres desde tu interior más auténtico y verdadero.
Así, con esa forma de ser Chance será bienvenido en lo más alto de la sociedad y sus personalidades fabricadas, donde caerá como un rayo de luz, donde entrará como una bocanada de aire fresco; porque representa al idiota puro o al filósofo inofensivo, a la necesidad vital que parece existir de la idiotez, al intelectual de café que no escucha, no se impone y no es pretencioso. De tal manera que la simplicidad de sus respuestas es confundida con profundidad, su serenidad es tomada como prueba de seguridad e inteligencia, su franqueza es entendida como manifestación de lucidez. Incluso la ausencia de datos sobre su existencia es tomada por los servicios secretos como una consecuencia de la destrucción de documentos y antecedentes por parte de la CIA y el FBI.
Estamos ante una película que satiriza la importancia que en la vida pública tienen las apariencias, el peso de la superficialidad en el discurso de los políticos y en prácticamente todos los ámbitos de la vida moderna, el sometimiento del poder legal a las manipulaciones de los poderes establecidos o de intereses, el carácter adictivo de la televisión, la influencia de la propia televisión sobre el pensamiento y el comportamiento de los ciudadanos, las sospechas sobre los manejos oscuros de los servicios de seguridad del Estado y un largo etcétera. 
Una obra divertida, entretenida, llena de detalles críticos con la sociedad en la que vivimos, en la que tenemos sí o sí que vivir. Pero la forma de sugerirlo, de criticarlo, es simplemente formidable, ya que utiliza herramientas, siempre con mucha sutiliza, como el humor y la ironía y se acerca mucho a una línea surrealista, aunque no la excede, aunque muchos crean que todo es muy surrealista. Yo diría, que la vida es realmente surrealista, aunque todo depende de la perspectiva con la que se mire.
También cabría destacar a los personajes, en especial a Peter Sellers y a Melvyn Douglas. Éste último por encarnar a un hombre adinerado pero a la vez moribundo, cuya persona y carácter denotan gran simpatía, junto a su humanidad, pues acepta a Chance sin ningún preámbulo.
Peter Sellers ya es un caso aparte, no cabe duda de que estamos ante uno de sus mejores trabajos, pues aquí el actor británico sabe mostrar su lado más bello y conmovedor, y es que no se podría sentir otra cosa por su personaje más que admiración. Sellers, gracias también a un pletórico guión, combinada lo cómico con lo dramático, lo cual dota al personaje de notable y asombrosa humanidad, es imposible no arrodillarse a sus pies, atraparía a cualquier espectador sin que esté pueda resistirse a sus encantos.
Y lo que más sorprende es que esta grotesca historia sigue siendo actual, sólo hay que echar un vistazo a la mediocridad política de este país. Hundidos en la corrupción por unas bestias desvergonzadas e irresponsables de una dudosa capacidad intelectual. Por supuesto, sin dejar de lado a la televisión que tanto idiotiza con programas basura de chismes vulgares, personajes patéticos que venden su vida privada, concursos espantosos y de moral repugnante que ponen a prueba a la estupidez humana y debates estridentes populacheros de bajo nivel, pero, con altos niveles de audiencia, todos ellos. Un panorama desolador que es caldo de cultivo para cualquier idiota que pretenda llegar lejos en las esferas del poder, tanto económico como político.
En fin, quien no haya visto aún esta cinta, que haga lo posible por hacerlo, pues no se arrepentirá, y es que a pesar de pasar prácticamente de puntitas por el panorama cinematográfico, será una obra de referencia y de culto para todo aquel interesado en el buen cine.

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