A Nightmare on Elm Street (1984)




Director: Wes Craven

Duración: 91 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: John Saxon, Ronee Blakley, Heather Langenkamp, Amanda Wyss, Jsu Garcia, Johnny Depp, Charles Fleischer, Joseph Whipp, Robert Englund, Lin shaye, Joe Unger, Mimi Craven. Jack Shea, Ed Call, Sandy Lipton, entre otros.

" Un grupo de jóvenes está siendo perseguido por un cruel asesino en serie que asesina a sus víctimas en sus propios sueños. Cuando los sobrevivientes están tratando de encontrar la razón por la cual han sido elegidos, el asesino no perderá la oportunidad de matarlos tan pronto se queden dormidos."

En pleno siglo XXI es muy difícil distinguir entre lo que provoca miedo y lo que no. Muchas veces, el cine supera a sus propias historias y parte de su magia se convierte en una realidad. Durante décadas y desde su nacimiento, Fred Krueger es parte de la realidad, de la cultura adolescente y casi un mito o como mínimo un personaje mítico. Y la primera parte de esta saga puede parecer mejor o peor película dependiendo de quien la juzgue, pero una cosa está muy clara: Freddy provocaba realmente miedo.
Muchos proyectos para la gran pantalla, algún otro para la televisión y una serie son fruto de esta obra, una auténtica gallina de los huevos de oro. Wes Craven consiguió iniciar además de una larga saga, el despertar de un nuevo género de terror en Hollywood, que destaparía al público joven como su mayor y más fiel consumidor. Filmada en 1984 y estrenada ese mismo año, sin un gran presupuesto, esta cinta causaría estragos en taquilla, logrando estratosféricas cifras de recaudación. Este hecho arrastraría inevitablemente una larga lista de secuelas durante toda la década, aproximadamente una por año.
La historia de este filme, nos sitúa en una pequeña localidad, donde habitualmente los hijos de los residentes en el pueblo sufren pesadillas. Todo parece transcurrir de forma tranquila para Nancy, hasta que poco a poco sus amigos y conocidos empiezan a ser atacados y asesinados en sueños por Freddy Krueger, un hombre deformado por el fuego que usa un guante con afiladas cuchillas para matar de la forma más terrorífica a sus víctimas. 
Esta historia, se tiñe de un toque de originalidad. La trama, llena de sadismo y diálogos punzantes, recorría la delgada línea divisoria entre el mundo real y el mundo ficticio, jugando constantemente con el espectador. Ciertamente, algunos diálogos de la película resultan despiadados y brutales.
Abordando la estructura narrativa de la cinta, se puede hallar, quizás su mayor acierto, la gran similitud que guarda respecto a una pesadilla real. El director desvanece la realidad de las situaciones, gracias al sabio uso de los planos y a la esplendida ambientación. Aparentemente la tranquilidad del lugar donde transcurre la acción sirve al realizador para lograr un clima de intranquilidad e inseguridad, esencial para que la cinta funcione. 
La iluminación y la fotografía, también contribuyen a lograr este objetivo, los juegos de luces y sombras en las calles y callejones envuelven una gran calidad. No podría olvidarme de los efectos especiales, fundamentales durante los asesinatos de los personajes, sorprende que con apenas un millón de dolares, se pudieran grabar secuencias como las de los sangrientos asesinatos de un par de personajes.
La magia, el encanto o el terror contenido en esta cinta se excedía mucho más allá de la duración del metraje de la misma y la prueba indiscutible de ello es simple y a nadie debería sonarle a una perogrullada: Freddy le generaba miedo incluso a quienes no habían visto la película.
Recuerdo que cuando era un niño, solamente había visto fotogramas y la portada de la creación de Craven, sin embargo no hacia falta mucho más para tener esa sensación de inquietud al pensar que Freddy estaba ahí, que había sido creado, que existía y que tarde o temprano tendría que sentarme delante de la televisión y descubrir quien era realmente.
Solo por este evidente hecho, Wes Craven y la primera entrega de la leyenda del asesino que mata en los sueños deben situarse en lo más alto del cine de terror. Porque en décadas anteriores de la producción cinematográfica nos acompañaron criaturas como Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo y a mediados de los ochenta apareció aquel personaje cuyo nombre a muchos les aparecerá en primer lugar cuando les hablen de entes relacionados con el género.
Aunque quizás hoy en día nadie se asuste ante la idea de un psicópata con la cara quemada, un sombrero, un viejo suéter a rayas verdes y rojas y un guante con cuchillas pueda matarte en sueños, no obstante en su momento esta invención de Craven le quitó las ganas de irse a la cama a más de uno.  
Y en este caso, precisamente lo mejor es el propio Freddy, interpretado por Robert Englund, que con el tiempo se convertiría en el verdadero protagonista de la saga. En esta primera cinta todavía no mostraba las cualidades de payaso que le veríamos más tarde. Aparece poco en pantalla y asusta más desde el misterio y la sugestión que desde un lugar más activo y visual.
El dato curioso en esta ocasión es el debut en cine de Johnny Depp, cuyo talento todavía dormía, y la muerte de su personaje configura una de las mejores escenas de la película.
Wes Craven sentó las bases del cine de terror venidero con su historia de un sádico asesino paranormal, que reside en un mundo en el que todos estamos indefensos, el de los sueños. Freddy se esconde en los rincones de nuestros miedos más profundos y viscerales, rascando sus cuchillas afiladas contra las vallas, automutilándose para su goce y nuestro horror.
El peor habitante del reinado de la noche, esperando a que nos quedemos dormidos para jugar a su macabro juego, persiguiéndonos y cazándonos para que no volvamos a despertar nunca más. Según sus propias y oscuras palabras, en la falsedad de lo más profundo de nuestro inconsciente, yo soy Dios.
Si hay alguno de ustedes imprudentes que aun no haya visto esta joya del terror, no pierdan ni un segundo más lancénse a ese viaje entre pesadillas y gritos que Wes Craven nos brinda. Aunque un pequeño aviso para navegantes, cierto es, que con el paso de los años ciertos momentos de maquillaje y demás efectos especiales se han desfasados, quedan avisados. Aun así, sigue siendo uno de los reyes indiscutibles del terror.

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