Sophie's Choice (1982)



Director: Alan J. Pakula

Duración: 150 minutos

País: Reino Unido/Estados Unidos

Elenco: Meryl Streep, Kevin Kline, Peter MacNicol, Rita Karin, Stephen D. Newman, Greta Turken, Josh Mostel, Marcell Rosenblatt, Moishe Rosenfeld, Robin Bartlett, Eugene Lipinski, John Rothman, Joseph Leon, David Wohl, Nina Polan, entre otros.

" Stingo, un joven aspirante a escritor, se instala en una pensión familiar de Brooklyn. Su tranquilidad se verá pronto aturdida por la terrible discusión de una pareja que vive en el piso de arriba. Cuando conoce a los amantes queda cautivado por su encanto y simpatía. Ella, Sophie, es una hermosa inmigrante polaca y católica. El, Nathan, un encantador y desequilibrado cientifico judio. Poco a poco, Stingo se convierte en su mejor amigo. Sophie, hija de un ilustre profesor polaco, sobrevivió al campo de exterminio de Auschwitz, pero vive atormentada por su pasado."

Existen decisiones tan dolorosas que cualquier intento de comprenderlas resultaría trivial. Son decisiones para las cuales no estamos preparados y que, siempre y en todos los casos, confrontarán nuestros principios y nuestra noción del mundo. Son precisamente estas decisiones las que enfrenta Sophie, la protagonista de esta memorable película, dirigida por Alan J. Pakula y protagonizada de manera sobresaliente por Meryl Streep.
La cinta, como bien se ha señalado en distintos lugares y distintas críticas, trae a colación un tema recurrente dentro de la cinematografía contemporánea: la Segunda Guerra Mundial, algo que en apariencia podría reducir el atractivo de esta película. Pero lo que la convierte en una obra distinta es que, lejos de contarnos historias de supervivencia, narra con sutileza y elegancia la forma en que los recuerdos pueden llegar a dominar una vida, manejarla a su antojo y finalmente, destruirla lentamente. En pocas palabras, es una película sobre la resonancia del pasado en nuestro presente y futuro. No es una película optimista, ni una creación que lo promueva. Aquí no veremos esperanzadoras escenas de redención y triunfo. Tan sólo seremos testigos de la lucha interna de una mujer atormentada por el dolor, la impotencia y la rabia.
Stingo, el joven protagonista de la obra, somos todos nosotros. Espectadores impávidos a los despropósitos del mundo, horrorizados por la capacidad de hacer el mal del ser humano, pero demasiado asustados y pequeños para poder intervenir. Stingo asiste a la revelación de Sophie, una joven polaca que vive una tormenta relación con un estadounidense, Nathan, que la salvó cuando llegó al nuevo mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
Y en el pasado de Sophie, tanto Stingo como nosotros, podemos advertir como se puede herir de por vida el alma de un ser humano, cómo podemos utilizar tanto nuestra mezquindad para hacer que, entre otras cosas, una madre tenga que elegir entre dos hijos.
Porque el siglo XX nos pertenece a todos, y todos hemos hecho de él que en incontables períodos de tiempo sea más sanguinario de todos, justo cuando creíamos que los valores sociales y morales de la raza humana se desarrollaban por un bien común. Pero es innegable que en ese siglo, que se abrió con una matanza ideológica y se cerró con otra, se generaron tantas muertes y tantos traumas que provoca que se cuestione el término ese de Raza Superior.
Ahora bien, la historia de esta cinta pudo haber quedado atrás y ser injustamente olvidada, sin embargo no hay que olvidar que los dolores que sufrieron personas como ella realmente existieron.
La película, injustamente olvidada al día de hoy, es un potente y desgarrador retrato del nazismo, pionera en la utilización de la vertiente humana de la historia, y una de las mejores películas de Pakula, que cuenta su historia de un modo clásico e innovador para entonces (uso de los flashbacks), y consigue hacer fluida y emotiva, la excelente y densa prosa de William Styron quien es el autor de la novela en la que está basada la película.
Combina los dos tiempos narrativos con precisión: en primer lugar aquel que podría denominarse el brillante y alegre, que muestra el lado positivo de los protagonistas en Nueva York; y en segundo el pasado gris de Sophie en Auschwitz, con un diseño de producción tan bueno que casi se puede oler el humo de los crematorios.
Por otro lado, respecto a las interpretaciones se puede manifestar que Kevin Kline brinda un fascinante ejercicio de interpretación en su primera película como el desequilibrado Nathan. Y en el caso de Meryl Streep se puede señalar que si ella fue lo que fue, es lo que es, y será lo que será para el mundo del cine es en gran parte por esta película. Más allá de cuestiones técnicas como el uso de la voz en cuanto a los idiomas que habla, o la imagen de su desgastado cuerpo, su interpretación en la cinta va más allá de lo cuantificable. Su personaje, Siphie es uno de los más grandes y más interesantes personajes que nos ha dado el séptimo arte, ya que casi nunca se ha visto una comprensión tan total, desde las entrañas hasta el último cabello,de un personaje. Todos los planos de la obra en que ella aparece están cargados de una tensión y una vida que no se pueden calificar sino sólo como cine.
La estructura de Sophie como muñeca rusa emocional que va abriéndose a lo largo del relato y nos deja apreciar los episodios de una vida marcada por la tragedia, son proporcionados por una actriz casi perfecta y de talento envidiable, que con esta película definió para siempre lo que significa ser actor.
En fin, película bastante dura, que aunque cuenta con algún pasaje que resulta pesado, hay que reconocer que engancha e impacta. Como espectador, después de verla debe reconocerse que algo cambia por dentro, ya que si alguien se encontrara en la situación de la protagonista ¿qué decisión tomaría? Y después, ¿qué haría con su vida?
En definitiva, un gran retrato de cómo las circunstancias de la vida se escapan de nuestro poder y determinan unos sentimientos que, en ocasiones, somos incapaces de gobernar.

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