Les quatre cents coups (1959)


Director: François Truffaut
Duración: 99 minutos
País: Francia
Reparto: Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Albert Rémy, Guy Decomble, Georges Flamant, Patrick Auffay, Daniel Couturier, François Nocher, Richard Kanayan, Renaud Fontanarosa, Michel Girard, Serge Moati, Bernard Abbou, Jean-François Bergouignan, Micehl Lesignor, entre otros.
" A sus doce años, Antoine Doinel convive con los problemas conyugales que sus padres no se atreven a afrontar y las exigencias de un severo profesor. Por temor a su maestro, ya que no ha cumplido un castigo que éste le había impuesto, decide no entrar a la escuela y vagabundear junto a su amigo René. Inesperadamente ve a su madre en compañía de otro hombre; la culpa y el miedo le llevan a una sucesión de mentiras y riñas que poco a poca van calando en su ánimo. Junto a René sueña con conocer el mar y trazan un plan para conseguirlo."

Antoine Doinel no es solo un personaje creado a partir de la mente de Truffaut y retazos de su propia infancia, Donel es una parte de cada uno de nosotros, una parte de cada una de esas personas que ansian desatarse de lo cotidiano, de deshacerse de sus deberes y de buscar más allá una nueva vida que vivir y un nuevo punto desde el cual comenzar. Y Truffaut retrata a la perfección esos pequeños rasgos en el rostro y el carácter del joven Doinel, un muchacho que, arrastrado por las consecuencias y rehuyendo ese extraño clima de hostilidad que le rodea, decide reemprender desde cierto punto su pequeño pedazo de existencia.

Por si fuera poco asumir el hecho de que la vida es dura de por sí, y que estamos aquí seguramente por pura suerte, o por puro azar, y que todos los días ocurren desgracias de toda índole que hacen partículas o eliminan en un segundo a muchas personas. Añadamos a todas esas desgracias la que quizá sea la más catastrófica y trágica de todas: la falta de amor.

En este mundo nuestro falta amor por todas partes. Donde sea que uno mire, hay muchos ojos que suplican con gritos mudos y que piden unas migajas de afecto. Tantas miradas pidiendo auxilio. Tantas historias de desamor.

Los ojos de un niño dicen muchas cosas. Dicen si es amado o no. Y los de Antoine proclaman su paso por días y más días rebosantes de incomunicación, de indiferencia, de carencias afectivas, de falta de entendimiento, de roces, de conflictos y ausencias. Desconoce qué significa la entrega y que alguien se desviva por él. Desconoce qué significa el amor verdadero.

Uno de los mayores dolores para un niño tiene que ser el de saber que su madre no deseó su nacimiento. Considerarse un estorbo, un obstáculo para ella. Sobre todo si ella no para de recordárselo. Si ella le hace ver que es una carga.

Es por ello que cuando una sociedad vive dormida en su propia complacencia, sumida y atrofiada por unos valores que cree eternos e indestructibles suele caer en una especie de parálisis. En esta situación siempre aparece alguien que intenta dar un golpe de timón a la situación y así despertar alguna conciencia. Este es el rol que asume Truffaut al realizar esta cinta. Lo que el director muestra es un canto a la libertad y a la rebelión contra lo establecido. Lo que hace el personaje de Antoine Doinel no es vandalismo, es un desafío a la autoridad en toda regla. No queriendo vivir una vida impuesta por otros, porque él sólo tiene un sueño: poder ver el mar.

Este ideal funciona en dos niveles: por un lado el hecho de que el mar sea algo tan inmenso, tan impreciso da a entender lo duro de la realización y al mismo tiempo se presenta como el símbolo de la libertad, de lo que no se puede aprisionar. Por otro lado este anhelo se presenta como la búsqueda de una realización no material. El protagonista no está interesado en el valor de lo que roba, es solo un escalafón en su camino hacia algo más grande que el cliché materialista de la sociedad.

El proyecto está perfectamente ejecutado, una melancólica y nostálgica banda sonora, actuaciones excelentes tanto de los niños como de los adultos, y un guión que hará escapar lágrimas a muchos por su crudeza, pero que sin duda funcionan y llevan a esta cinta a posicionarse entre las grandes obras del séptimo arte.

Comentarios

pitayito dijo…
También vi el mar hasta muy tarde; eran los primeros electrodomésticos, los suburbios en construcción, la primeras propagandas para lavadoras neveras y planchas de toda clase, los primeros discos vinyl, la guerra de Argelia, el MLF todavía no había despertado, todo era negro y blanco igual que la televisión.. neblinas de las cuales querían escapar Antoine y muchos más.
Anónimo dijo…
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- os falta "el ultimo tren a broklyn "

jo jo jo
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