The Godfather: Part III (1990)




Director: Francis Ford Coppola

Duración: 169 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Al Pacino, Diane Keaton, Talia Shire, Andy Garcia, Eli Wallach, Joe Mantegna, George Hamilton, Bridget Fonda, Sofia Coppola, Raf Vallone, Franc D'Ambrosio, Donal Donnelly, Richard Bright, Helmut Berger, Don Novello, entre otros.

" Michael Corleone, heredero del imperio de Don Vito Corleone, intenta rehabilitarse socialmente y legitimar todas las posesiones de la familia negociando con el Vaticano. Después de luchar toda su vida se encuentra cansado y centra a todas sus esperanzas en encontrar un sucesor que se haga cargo de los negocios. Vincent, el hijo ilegítimo de su hermano Sonny, parece ser el elegido."


Anoche al ver esta película recordé algo que considero no debo dejar pasar y tiene que ver directamente con la "crítica" cinematográfica. En ese sentido, cabría aclarar que yo no me considero un crítico de cine, ni pretendo serlo. Como sea, lo que vino a mi cabeza mientras apreciaba la obra de Coppola tiene que ver con dicho tema. Me queda claro que para ser un buen crítico feroz (valga la redundancia) se debe olvidar que alguna vez se fue cinéfilo: ya que el cinéfilo aún disfruta viendo cine; el crítico feroz en algún momento fue un cinéfilo que ya se hartó del mismo. Por eso, casi siempre se resisten a la tentación de sentir el mínimo placer ante una pantalla. En pocas palabras, como críticos feroces saben que están en posesión de la verdad absoluta, y es por esa razón que siempre tienen a la mano una escalera para que la plebe los aprecie mejor cuando hablen, aún cuando están conscientes de que no está en condiciones de entender su mensaje. Y es que es un típico lugar común del "crítico" el desdeñar esta cinta esgrimiendo siempre el mismo par de comentarios: es la peor de las tres y la actuación de Sofia Coppola está horrible. Después de eso, no tienen nada más para sustentar su opinión.

Yo, sin pensar que no es la mejor de todas, pero tampoco la peor de la saga, considero que nos encontramos ante una obra que no alcanza la altura de perfección de las otras dos partes, pero desde luego que es una inmensa película, que resuelve el destino de la familia Corleone como no podía ser de otro modo. Y aún así, llegó el plano final y volví a sentir, se apoderó de mi esa estremecedora sensación, estaba a mi lado otra vez , y me dí cuenta que había caído de nuevo, congelado y desolado, observando como ese plano concluyente se clavaba, dejándome sin habla, casi sin quererlo.
Y puede que este volumen no tenga tanta fuerza, no posea la elegancia ni la sutileza de los anteriores, y puede que las interpretaciones no alcancen el estruendo que generaba Sonny, o la pasmosa tranquilidad de Tom Hagen, o el porte del mismísimo Don Vito. No obstante dejan un ligero resquicio para conocer todos sus pensamientos, para identificarte con la pequeña historia de Vincent Mancini y Mary Corleone, para comprender como ese padre hastiado por la edad, libera a su hijo y le permite brindar toda su dedicación en lo que siempre había deseado, o como Kay Adamas comprende la vulnerable soledad de Michael y decide no dejarlo de lado.
Con claras connotaciones religiosas y referencias a las anteriores películas (comienza con una ceremonia y acaba con una tragedia), el filme consigue estar a la altura de sus predecesoras. Injustamente criticada en su momento, el transcurso del tiempo la ha puesto en el lugar que se merece. Michael carga con la culpa, y el contexto religiosa en el que se desarrolla esta tercera parte no le ayuda a redimirse. Más bien, todo lo contrario;aunque parezca que pueda retener a su familia, aunque sus negocios prosperen, a Michael se le niega el cielo. Y el sufrimiento lo acompañará de por vida. No son los sacerdotes, sino Coppola quien redime a Michael con ese final de antología. Realmente imperdible.
Porque el tema de esta cinta subraya y y engrandece el de toda la saga: el poder como vehículo máximo para corromper a los hombres. El fin de la vida de Michael, un hombre cuya existencia se entregó a la persecución y mantenimiento de un imperio, decisivo en la historia, cercano a la venganza y soledad. Y es que, aquel que posee más de lo que cualquiera podría soñar, está destinado a volverse o a que le vuelvan loco. Está destinado a ver desaparecer a sus seres queridos mientras él esté protegido por la férrea murallla que ha construido. Está destinado a perder el amor, en la vida o en la muerte.
Y este Michael, ya no es lo mismo. Aquel que vimos en la boda de su hermana, en la primera secuencia de la primera entrega era un joven inocente y apasionado, conservador y soñador. Aquí se ha convertido en un ser humano en peligro, por las amenazas que le acechan y las que él mismo lleva en su interior. Por esa razón, esta cinta supone una recreación grandiosa de Al Pacino, marcada por el dolor y las ausencias, una interpretación a la altura de Brando en la primera parte y la de De Niro en la segunda y quizás una de las mejores de su carrera.
A mi entender uno de los inconvenientes de esta película es que se filmó con un presuntuoso convencimiento de su condición de obra maestra. Es una obra donde hay menos sorpresa, porque más bien parece una película de despedidas. La gran debilidad de la narrativa: todo el tema de la corrupción en el Vaticano, queda bastante desdibujado y desaprovechado, además de errático.
Otro de sus grandes méritos reside en mantener casi en su totalidad después de más de 20 años, el equipo técnico y artístico de las dos obras anteriores. Se extraña a Robert Duvall, pero esa es la única ausencia realmente significativa.
Necesaria y precisa. Así es como definiría en pocas palabras el final de una saga que nos dejó perplejos como espectadores, asombrados y ligados a un mundo totalmente nuevo para nosotros y que, sin embargo resultaba ser mucho más cercano de lo que cualquiera hubiese podido creer jamás, por lo genuino de las reacciones, por las personalidades tan destacadas y cercanas, por la impresionante realización de todo un maestro.

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