Le Havre [2011]




Director: Aki Kaurismäki

Duración: 93 minutos

País: Finlandia/Francia/Alemania

Elenco: André Wilms, Kati Outinen, Jean-Pierre Darroussin, Blondin Miguel, Elina Salo, Evelyne Didi, Quoc Dung Nguyen, Laika, François Monnié, Little Bob, Pierre Étaix, Jean-Pierre Léaud, Vincent Lebodo, Umban U'kset, Patrick Bonnel, entre otros.

" Marcel Marx, un escritor bohemio, se ha exiliado voluntariamente y se ha establecido en la ciudad portuaria de Le Havre, donde vive satisfecho trabajando como bolero, porque así se siente más cerca de la gente. Tras renunciar a sus ambiciones literarias, su vida se desarrolla sin sobresaltos entre el bar de la esquina, su trabajo y su mujer Arletty, pero cuando se cruza en su camino un niño negro inmigrante, tendrá que luchar contra los fríos y ciegos mecanismos del Estado, armado únicamente con su optimismo y con la incondicional solidaridad de los vecinos del barrio, para evitar que su protegido caiga en manos de la policía."

Es normal que a Kaurismäki se le preguntara en una entrevista con respecto a esta película, en aquel caso sobre si la fraternidad que muestran sus personajes existe en el mundo real. El director finlandés opta por la esperanza y la inocencia en la afirmación de un mundo bondadoso y cooperativo para un desinteresado fin común. La lectura podría ser irónica y cínica, ya que muchos espectadores pensamos y ubicamos la cinta como un gran cuento, al sentir que es inviable e imposible en este mundo actual, racista y donde el inmigrante tiene la culpa de todos los males, incluido el terrorismo.
Pero bueno, vayamos al punto. La acción dramática tiene lugar en el puerto marítimo de Le Havre, Calais y en general en la costa de Normandía. Marcel Marx es un escritor dado a la vida bohemia, que ha dejado su ocupación, la fama y las ambiciones profesionales para vivir cerca de las personas sencillas y reales. Se ha trasladado de París a Le Havre, donde trabaja como bolero callejero y vive en pareja con una mujer llamada Arletty. Es un hombre optimista, alegra, desordenado y sociable, aunque huye del compromiso. Arletty cuida la casa, administra el dinero, se desvive por Marcel y se relaciona con la panadera Yvette y con Claire, la dueña del bar.
La obra desarrolla un cuento sencillo, tierno y encantador, como medio para aproximarse a la realidad de la inmigración y construir un análisis de la misma, actual y realista al mismo tiempo. Evita las tentaciones moralistas, las desviaciones sentimentales y las propuestas de adoctrinamiento del espectador. Establece el análisis desde la perspectiva de un hombre culto, sensible, comprensivo e inteligente, que se ha situado voluntariamente al margen de la vida activa y competitiva del mundo que le rodea. De ahí es que probablemente su juicio y actitudes resulten particularmente adecuados para construir un discurso capaz de aprehender el interés y la atención del espectador.
El estilo de la cinta se inspira en el realismo que ha practicado el autor en la mayoría de sus trabajos y por el que es mundialmente reconocido. El lenguaje destila sinceridad, transparencia, veracidad y honestidad. A lo largo del relato se hace presente una melancolía permanente, que se asocia a una visión fatalista y profundamente pesimista de la vida del ser humano, obligado a soportar episodios reiterados de repudio, injusticia, violencia, explotación y dominación. La narración se presenta salpicada de un humor sutil que se basa en la ironía, la mordacidad, elementos surrealistas, personajes contradictorios y referencias patéticas características del más puro humor negro.
La narración aprovecha la fuerza expresiva de los contrastes (indiferencia de muchos y solidaridad de las personas sencillas del barrio, xenofobia de algunos y tolerancia colaboradora de unos pocos, etc.)
Por eso, para el que crea que un retrato duro de la infancia, con el trasfondo de la inmigración debe ser desgarrador en sus imágenes y cortante en su edición, esta, no es su película. 
Lo que Kaurismäki nos plantea es tan simple como un cuento con moraleja. Una fábula más cercana a lo literario y satírico, por el aroma que desprenden sus personajes y el entorno que los rodea, que a la agudeza intelectual de algún crítico de cine, con el que probablemente compartiría el carácter formal que envuelven sus bellas historias.
Aquí lo precioso llega en forma de frialdad, una frialdad que desprenden los personajes a través de encuadres perfectamente distanciados e iluminados, que por otro lado no impide que nos veamos reflejados en ellos y sintamos empatía con sus mayores o menos, importantes o triviales problemas.
Y es que lo que alabo por encima de cualquier aspecto técnico en la cinta, es su capacidad de endulzar el guión sin empalagar, en su capacidad para denunciar una complicada situación social sin caer en el maniqueísmo de personajes falsos e impuestos sin razón. Error en el que caen la mayoría de los que dicen ser directores de altura y profundidad social.
Kaurismäki no solo no se permite llegar a la esencia de las razones que mueven a cada personaje a ser como es, sino que su curioso lenguaje logra estrujar con cada uno de los momentos más dramáticos para sacar su lado más tierno, permitiéndose el lujo de intercalar algunas escenas musicales, mágicas o surrealistas, que rompen ese olor a realidad que desprenden por su naturaleza los temas sociales. Me queda claro que romper el hielo no es reto para este finlandés.
Son tantas las desgracias, son tan graves todas ellas y los personajes a los que van dirigidas se muestran siempre tan impasibles, tan dignos, que a uno no le queda otro remedio que reír. Después solo queda añadir una pizca de deliciosa sinrazón y el golpazo, que ha herido física y emocionalmente a su receptor, se habrá convertido en una fuente inagotable de risas, que no obstante no olvidan lo trágico del asunto.

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