Jagten (2012)




Director: Thomas Vinterberg

Duración: 115 minutos

País: Dinamarca/Suecia

Elenco: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp, Lasse Fogelstrøm, Susse Wold, Anne Louise Hassing, Lars Ranthe, Alexandra Rapaport, Sebastian Bull Sarning, Steen Ordell Guldbrand Jensen, Daniel Engstrup, Troels Thorsen, Søren Rønholt, Hana Shuan, Jytte Kvinesdal, entre otros.

" Tras un divorcio difícil, Lucas, de cuarenta años, ha encontrado una nueva novia, un nuevo trabajo y se dispone a reconstruir su relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo sale mal. Un detalle, un comentario inocente. Una mentira fortuita. Y mientras la nieve comienza a caer y las luces de Navidad se iluminan, la mentira se extiende como un virus invisible. El estupor y la desconfianza se propagan y la pequeña comunidad se sumerge en la histeria colectiva, obligando a Lucas a luchar por salvar su vida y su dignidad."

El cine escandinavo siempre se ha caracterizado por ser un cine frío (en el mejor sentido de la palabra) examinando meticulosamente la condición humana para mostrar sus miserias y sus virtudes. Para prueba de ello, se tendrían que remontar a los tiempos de Bergman y Dreyer, o incluso a Victor Sjöström, hasta la nueva ola de cineastas que volvió a poner al cine de aquellos países en general y el danés en particular en el mapa con el movimiento Dogma 95 (iniciado por Lars Von Trier y el propio Thomas Vinterberg) ya que los temas tratados mantenían una coherencia maquillados con las nuevas circunstancias de los tiempos.
Este es cine sobrio en la forma (el movimiento sigue teniendo su influencia) pero de fondo terriblemente complejo, denso, polémico, incómodo, excitante. Pero mientras que en el caso de Von Trier y sus obras este último parece disfrutar mostrándonos la desgracia de sus personajes, en la cinta que me ocupa predomina una clara intención de denuncia hacia la injusticia de la que es víctima el protagonista. 
No existe entretenimiento en la película, solo una dura verdad planteada de la forma más creíble posible, siempre desde un punto de vista disconforme. Y aquí es donde nos hallamos con la primera (y predominante en la película) tendencia social sobre la que reflexiona el director. Que va más o menos así: la facilidad con la que las personas se unen a un linchamiento sin investigar es infinita.
Como en Festen, Vinterberg sigue teniendo un don especial para meter el dedo en una llaga infectada y purulenta y retorcerlo con saña hasta que por dentro tienes ganas de gritar de pura rabia, casi como si lo que estuvieras viendo en la pantalla te estuviera pasando a ti, o peor, podría pasarte a ti. Tal vez uno de estos días podrías convertirte en un infeliz perseguido por una bola de nieve gigantesca que empezó como un copo de nieve imaginario, o ser uno de los que han añadido un pequeño montón más a la bola que amenaza con aplastar a aquel infeliz.
Thomas Vinterberg, ya alejado del voto de castidad impuesto por el mentado movimiento del 95, nos trae una película que invita a reflexionar principalmente sobre el comportamiento del ser humano en masa. La acción se sitúa en un pequeño pueblo danés, en el que los habitantes comparten la afición por la caza (no se trata de un pasatiempo elegido al azar), aunque bien podría situarse en una casa cualquiera con una familia cualquiera de clase media sentada delante de una televisión.
En pocas palabras, estamos ante una narración que trata sobre la confiabilidad de las fuentes, de cómo un rumor contado en el momento exacto y por la persona indicada (en este caso una niña, ya que supuestamente los niños siempre dicen la verdad) puede hacer tambalear la vida de una persona o por qué no, el comportamiento de una sociedad o el proceder de un país. Ah, mientras la observaba no podía evitar pensar en este hermoso país tan repleto de gente ociosa y chismosa. Ya que aquí también se lincha sin necesidad de conocimientos previos sobre el caso, ni de conceder la oportunidad de defenderse al sujeto al que se decide odiar. Sencillamente se le odia porque así tiene que ser. Uno ya no decide sobre su vida, sino que otros lo hacen por uno mismo, incluso en lo que respecta a tu propia personalidad.
Y esto último está directamente vinculado a la segunda reflexión: ahora hablamos de la brutal ligereza con la que los adultos imponen su propia lógica a la de los niños, llegando incluso a decidir por ellos cuales son sus experiencias vividas. 
En ese sentido podría destacarse que Vinterberg no entra en aspectos legales, las visitas al juzgado o asesoramientos con el abogado se realizan fuera de la acción, al director no le interesa este aspecto (demasiado fácil o demasiado de Hollywood), sino en el comportamiento de los habitantes del pueblo hacia Lucas, con una ira creciente e irreconocible en una sociedad como la danesa.
Insiste sobre cómo nos ve la sociedad, en la mirada humana, en el rumor, en cómo se extiende y en cómo algunas personas son capaces de condenar a un hombre basándose en lo que oye, sin comprobar las fuentes. Creemos lo que queremos creer y sólo hace falta que alguien corrobore nuestra historia. Es lo que pasa en ese tranquilo pueblo, tan aburrido que, inconscientemente, la gente pareciera necesitar un aliciente, aquello con lo que se pretende suscitar el morbo: una carnada.
Quizás la historia del sufrimiento e injusta condena de un falso culpable no sea completamente original en el cine, del que hemos visto numerosos ejemplos, sin embargo resulta perturbadora e impactante, y crea un fino suspenso alrededor de la lucha de este hombre por reafirmar su inocencia y hasta su humanidad.
En definitiva, una muestra más de la incondicional insistencia con que la sociedad se niega a replantear las normas ya establecidas, de la cobardía que mostramos las personas cuando se trata de reflexionar sobre la validez del propio discurso.

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