Before Midnight (2013)



Director: Richard Linklater

Duración: 109 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Ethan Hawke, Julie Delpy, Seamus Davey-Fitzpatrick, Jennifer Prior, Charlotte Prior, Xenia Kalogeropoulou, Walter Lassally, Ariane Labed, Yiannis Papadopoulos, Athina Rachel Tsangari, Panos Koronis, Enrico Focardi, Manolis Goussias, Anouk Servera, Yota Argyropolou, entre otros.

" En la tercera parte de la trilogía nos reunimos con Jesse y Celine nueve años después en Grecia. Han transcurrido ya casi dos décadas desde la primera vez que se encontraron en un tren en Viena."

Hace 19 años dos jóvenes se conocieron en el tren que iba desde Budapest a París y decidieron recorrer juntos la ciudad de Viena. Una bellísima historia con una promesa final: volver a verse 6 meses después. Sin embargo aquel encuentro no llegó a producirse y 9 años después se encontraron en París. Ambos repasaron el tiempo hablando de aquella preciosa tarde y de sus actuales vidas. El final otra vez nos dejó con la miel en los labios.
Si no se sabe de lo que hablo, no es recomendable seguir leyendo porque se tienen dos películas pendientes. Un cine intimista, despreocupado por la factura artística, un cine bohemio que conecta de lleno con el espectador. Una cámara y dos personas hablando mientras recorren dos ciudades de las cuales es difícil señalar cual es más bonita. Nos sumergimos en esa historia y soñamos que nos pase (o nos hubiera haber pasado) lo mismo.
En un momento de esta película Jesse bromea en varias ocasiones con tener una máquina del tiempo con la que ha viajado desde el futuro hasta el presente. Si pudiéramos hacer el viaje al revés conoceríamos de primera mano la repercusión y el impacto de esta obra en el espectador del futuro. Resulta que la alusión a ese viaje por el tiempo va más allá de la simple broma, encaja dentro del análisis de esta película como maquina para medir el paso inexorable del tiempo y sus lamentables consecuencias. 
Porque el tema central de la obra es por supuesto la relación humana entre Jesse y Celine, el amor y el sexo. Pero tras esto se esconde el terrible doble enfrentamiento. Primero del hombre contra el tiempo que se le escapa, y segundo, el hombre contra el tiempo que lo esclaviza.
La tercera entrega sigue el mismo camino, un plano fijo y largas conversaciones. Y en estas charlas es dónde notamos que el tiempo ha pasado. Ya no son dos jóvenes de 23 años locamente enamorados o dos treintañeros que recuerdan tiempos pasados, ahora son una pareja con hijos que cuidar y que no disponen de tiempo para ellos mismos. 
Esta cinta es la menos romántica, tal vez la más graciosa y es probable que también sea la más agridulce de todas las entregas de la saga. Escrita por sus protagonistas junto al director, se centra en el final de unas vacaciones en Grecia, que van a ser definitivas para la pareja. No hay una fecha, el tiempo ya avanzó lo suficiente, pero se percibe que aquella noche en la que se ven casi forzados a pasarla solos en un hotel va a provocar algo importante. Y es que todo lo que antes era una fantasía, ahora se volvió real. Y al volverse real, imperfecto.
También es distinta a las otras dos, en que esta oportunidad aparecen algunos personajes secundarios. No sólo sus hijos, sino la gente que los hospeda en Grecia: un escritor veterano, una joven pareja.
A los que no les guste esta clase de cine acabarán cansados de los diálogos, pero la verdad es que cada uno de ellos tiene mucho sentido. Podría servir como ejemplo la magnífica charla que mantienen las 3 parejas y el anciano en la comida. Son 3 generaciones distintas que hablan sobre el amor, el sexo, el futuro de la humanidad, la vida y la muerte con diferentes puntos de vista. Todas las historias que cuentan inducen totalmente a la reflexión. Grecia, la tierra de los filósofos y los pensadores era sin duda el mejor lugar para hacerlo.
La larga secuencia del hotel es lo mejor de la película por mucha diferencia. Vemos a una pareja discutiendo y echándose en cara muchas cosas. Una secuencia muy creíble, probable y admisible y además resulta catártica. Es un desahogo para cualquier pareja, especialmente para ellos. Deben haber sido minutos muy complicados para filmarse. El trabajo de ambos actores es formidable, me atrevería a decir que hay cosas improvisadas ya que es una conversación muy larga y muy propicia para que dos actores muestren esa faceta. A esto se le llama química, talento y carácter. Una escena que salta de la pantalla a la vida real.
Es la evolución de una pareja, son dos individuos que se conocieron hace 19 años y que llevan viviendo 9 años juntos. No todo iba a ser color de rosa, los años desgastan a cualquier relación y era el momento idóneo para mostrar otra cara del amor. Después asistimos al final de la cinta, el final que suponemos debe tener esta historia, porque todas las parejas deben terminar así. Es cuando por un instante recordamos las palabras que pronuncia el anciano escritor en la comida. 
Estamos ante una saga muy importante, y esta que es una de sus partes es un digno colofón a dos obras perdurables que la preceden y que relata la vida de casados de una pareja que se enamoró locamente, se perdió, se reencontró y se arriesgó. Pero no todo lo que brilla es oro, ni hay nada fácil o fijo en la vida, cada día nos impulsa a renovar los votos de cariño, dedicación, escucha, compañía, afecto y amor porque no hay nada que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante.
El cine como estudio de la vida, el cine humanista, el cine que abraza por empatía. Y antes de todo eso, nos invita a celebrar los últimos vestigios que quedan. Y a celebrar con orgullo y vehemencia nuestra imperfección. Porque con el tiempo no se vuelve a amar, pero si durante él y a pesar de todo vale la pena.

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