Delicatessen (1991)




Directores: Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet

Duración: 99 minutos

País: Francia

Elenco: Pascal Benezech, Dominique Pinon, Marie-Laure Dougnac, Jean-Claude Dreyfus, Karin Viard, Ticky Holgado, Anne-Marie Pisani, Boban Janevski, Mikael Todde, Edith Ker, Rufus, Jacques Mathou, Howard Vernon, Chick Ortega, Silvie Laguna, entre otros.

" En una inmensa llanura, se alza un viejo edificio habitado por personas de costumbres más bien extrañas que sólo tiene una preocupación: alimentarse. El propietario es un peculiar carnicero que tiene su establecimiento en la parte baja de la vivienda. Es entonces cuando llega un nuevo inquilino que trabajaba en el circo y que alterará la vida de la excéntrica comunidad que lo habita."

La película nos sitúa en un extraño lugar destruido, en un sitio no especifico y en una época menos concreta de la Francia que todos conocemos. A pesar de ello se intuye a primer golpe de vista el paisaje post-apocalíptico que rodea a la historia que se nos va a contar. Nada más hacen hacen acto de presencia los primeros planos, aparece también entre una especie de niebla bañada en una luz amarillenta un solitario y deshecho edificio en pantalla, ese edificio está rodeado del más absoluto caos, pues todo a su alrededor es polvo y destrucción.
En ese castigado edificio es en donde se desarrollará esta fabula delirante y siniestra que a principios de los noventa nos contaron Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro. 
Sin tener casi estudios y haciendo uso de una cultura basada en lo autodidacta, el par de directores se lanzaron definitivamente tras un objetivo para pasar de crear comerciales y videoclips a un cine que llevaban elucubrando durante años. De este bagaje inicial se llevaron consigo al que se convertiría en actor fetiche de Jeunet, Dominique Pinon, cuya escena en la llegada al lugar desconocido, en una época desconocida, empujando a un taxi con sus propias maletas cargadas, y en la que el taxista utiliza como moneda de cambio esos zapatos desgastados del propio Pinon nos coloca en un tipo de cine fuera de lo común, que raya el surrealismo y que presenta una visión macabra de una serie de hechos, tocados por ese tipo de humor que tanto gusta a ambos realizadores y que permite el distanciamiento del relato.
Luz y tinieblas. Jeunet trazaba la linea poética y Caro la rayaba de sombras. Una pareja perfectamente acoplada en su contrapuesta y al mismo tiempo, complementaria visión de un cine diferente, extraño, que resiste análisis racional por su carácter ensoñador y decididamente fuera de todo margen cinematográfico. Sólo hicieron dos películas juntos: Delicatessen y La cité des enfants perdus.
La primera es sustancialmente mejor. Una auténtica flor del mal cuya belleza deslumbrante no es más que la puerta de entrada a un universo enfermizo, habitado por una serie de bárbaros humanos de proporciones grotescas: un payaso deprimido, un ser repugnante que naufraga entre mares de caracoles y sapos, una mujer que toca el violonchelo y está más ciega que un topo, una suicida eternamente frustrada que escucha voces en su cabeza, un carnicero monstruoso por caníbal y su voluptuosa amante. 
Todos son muy solitarios y todos están muy hambrientos. Y quieren devorarse los unos a los otros. ¿El canibalismo como alegoría de la comunicación? Tal vez. Pero dejando de lado lecturas más racionales y probables, la película es de una demencia preciosa.
Cometen un error los que se enfrentan a ella como si de una comedia se tratase, que si lo es, sin embargo su intención, a mi juicio, nunca ha sido provocar la carcajada fácil, sino hacerlo desde la plataforma del humor negro muy fino. 
Menos mediática que Amelie, pero igualmente interesante, la opera prima de los directores franceses es un un clásico en toda regla gracias a su inmensa originalidad, desafortunadamente no abundan películas similares a ésta, con una temática tan audaz, apasionante, espectacular e inverosímil, llevadas con tanto humor y tanta magia.
La obra desprende una estética enrarecida y sucia. En ningún momento nos instala en algún lugar concreto, ni se menciona fecha alguna o año, es completamente atemporal. De lo único que tenemos certeza es que ha habido alguna clase de crisis mundial o tal vez una hecatombe nuclear (y eso incluso se presta a la libre interpretación), lo único que tenemos claro es que las cosas están muy descompuestas. 
Un auténtico orgullo para el cine europeo. Si sientes fascinación por los personajes extraños, sin duda no te la puedes perder. Una ácida y al mismo tiempo dulce y encantadora historia llena de surrealismo barroco, pero sin pretensiones de grandeza, tan sólo una extravagante magia que no se olvida fácilmente.

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