Rio Bravo (1959)




Director: Howard Hawks

Duración: 141 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: John Wayne, Dean Martin, Ricky Nelson, Angie Dickinson, Walter Brennan, Ward Bond, John Russell, Pedro Gonzalez Gonzalez, Estelita Rodriguez, Claude Akins, Malcolm Atterbury, Harry Carey Jr. entre otros.

" El Sheriff de una pequeña ciudad en el oeste de Estados es auxiliado de un anciano inválido, un borracho y un joven pistolero en sus esfuerzos por mantener en la cárcel al hermano del villano que controla el lugar."

Todos los amantes del Western tenemos nuestras preferencias. La genialidad de cineastas como Ford, Mann, Peckinpah o Leone resulta tan genuina y denigrada que su cine suele generar en el espectador un grado de devoción prácticamente ilimitado. Yo me decantaría por los dos últimos, pero curiosamente, si me viera obligado a escoger un solo western capaz de concentrar las claves y el espíritu global del género, mi opción principal sería esta obra de Howard Hawks. Y no creo que fuera el único.
Probablemente esta película no sea el mejor western que se haya filmado jamás. Es más, para mi no lo es. Sin embargo, ello no impide, que le guarde a la creación de Hawks un cariño especial y que la considere como un inmejorable paradigma para que cualquier principiante deseoso de adentrarse en el legendario universo del lejano oeste pueda hacerlo a través de ella. Y sin embargo, la obra me parece un western totalmente atípico: no hay grandes espacios, casi sin vacas, casi sin caballos, y resulta que tampoco hay indios. En cambio, tiene grandes dosis de comedia.
A veces intento imaginar cómo se conducían en general los sheriffs que habían de lidiar con los peligros del Salvaje Oeste, de aquellas tierras apenas descubiertas que olían a libertad, a pólvora, a dinamita, a tierra reseca, al metal caliente de las armas, a dólares fáciles a cambio de vidas. En pocas palabras: existencias duras, no aptas para débiles. Intento imaginar cómo procedían los guardianes de la ley en aquellos vastos territorios donde la ley era un concepto bastante novedoso, casi utópico diría yo. Y cuando me imagino un sheriff, el primero que se me viene a la mente es aquel que tiene un rostro familiar. Tiene los rasgos de John Wayne y posee una integridad que se rige por esos principios que consiguen que el mundo sea tal un lugar sutilmente mejor.
Muy al estilo de Howard Hawks, esta creación suya se postula como la cinta que se opone a los llamados westerns psicológicos, del tipo de High Noon o 3:10 to Yuma. Las películas antes mencionadas no tenían cabida en el concepto cinematográfico de Hawks. Consideraba que el sheriff debe asumir los riesgos de su profesión, cumplir con su deber y abstenerse de pedir ayuda a los ciudadanos. Es decir, el director no soportaba los personajes faltos de iniciativa y decisión, como el encarnado por Gary Cooper en la cinta de Zinnemann
Hawks siempre fue un devoto del profesional que cumple con su labor, sean cuales sean las circunstancias que le rodean y le estimulan. Esta máxima se materializa en este western desde el momento en que Hawks y Wayne, en la segunda de sus cinco colaboraciones en el cine, forman un equipo. 
El personaje de nombre John T. Chance, que es interpretado por Wayne, es un sheriff cuya única ayuda son un colaborador borracho y un anciano lisiado, a pesar de ello, no duda en hacer frente al hermano del cacique del lugar, deteniéndolo por asesinato, e impidiendo que en algún momento, éste logre escapar con la ayuda de los secuaces de Burdette. Lo consigue invocando al trabajo en equipo que tanto satisfacía a Hawks. De tal manera que la película enaltece en su fondo a la valentía y el riesgo en el compromiso con tareas honestas a pesar de las evidentes condiciones desfavorables que le acompañan. Demuestra cómo a través de una fuerte convicción se puede defender la ley superando presiones, de igual manera reivindica la utilidad de las personas sea cual fueran sus condiciones, además se da el tiempo justo para desarrollar una sencilla historia de amor, se preocupa por enaltecer el valor de la verdadera amistad que aconseja correctamente en tiempos repletos de contrariedades, asimismo expone cómo se pueden superar traumas y adicciones con fuerza de voluntad y empeño, y demuestra claramente cómo influye en el machismo más intransigente la sutil influencia femenina.
En el aspecto narrativo es un Western Urbano (si es que se puede utilizar esa perogrullada para nombrarlo), desarrollado en escenarios angostos y cerrados, con un ritmo de acción lento, que se ve articulado mediante las personalidades de los protagonistas de la trama.
Hacia el final del relato, se da un fuerte contraste en el mismo al pasar de aquella calma tensa en la que se desarrolla la mayor parte de la trama, para alcanzar un estallido de conflictos que se despliegan además a la luz del día y en locaciones (lo que choca naturalmente la predominancia del interior en el resto de la película)
Una película que pasó sin pena ni gloria en el momento de su estreno, pero que con el tiempo ha ido consolidándose entre las mejores del genero. Quizá su atemporalidad se deba a la importancia que le da a los valores universales que he apuntado anteriormente. O tal vez se deba a como retrata el alcoholismo, en este caso, motivado por el desamor. Esa enfermedad socialmente aceptada, puede arruinar y denigrar al ser humano hasta límites insospechados. Basta con ver aquella escena con la que abre la película. No hay palabras, pero las imágenes y los gestos lo dicen todo.
Dude (mejor conocido como Borrachón por los creativos compatriotas) es humillado por un individuo cruel y desalmado que le lanza una moneda a la escupidera, y la evidente degradación moral que transmite ese hombre derrotado, provoca que cualquiera se sienta desolado como ser humano, esperando de manera ansiosa que alcance la redención.
En fin, aquella noche me acosté convencido de una cosa: el Western jamás morirá mientras alguien, en algún lugar, vea por primera vez Rio Bravo.

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