The Lady Eve (1941)



Director: Preston Sturges

Duración: 94 minutos

País: Estados Unidos


Reparto: Barbara Stanwyck, Henry Fonda, Charles Coburn, Eugene Pallette, William Demarest, Eric Blore, Melville Cooper, Martha O'Driscoll, Janet Beecher, Robert Greig, Dora Clement, Luis Alberni, entre otros.

" Durante un viaje en un trasatlántico, Charles Pike se enamora de Jean Harrington, una jugadora profesional que, junto con su padre, hace trampas con las cartas. Jean, que también se enamora de Charlie, decide abandonar el juego; pero, cuando Charlie se entera de cuál es su medio de vida, rompe su compromiso con ella. Jean, dolida, intenta vengarse."

Como más disfrutaba trabajar Preston Sturges era andando sobre la cuerda floja. O esa es la impresión que se tiene al ver sus mejores películas, las que filmó durante la primera mitad de los años 40, todas ellas auténticas obras maestras y piezas de referencia ineludibles a la hora de hablar de la clásica comedia de Hollywood.
A diferencia de otros directores más previsibles y fáciles de encasillar, lo que más parecía gustarle a Sturges eran el peligro y las emociones fuertes. No sé si esta es la mejor película de Sturges, la competencia está muy dura. De lo que estoy casi seguro es de que es su obra más completa, donde su arte como equilibrista está más y mejor desarrollado que nunca. Los diálogos son memorables y tocan el tema del sexo de un modo muy atrevido para la época, con alusiones y sobrentendidos que se mantienen a duras penas en los límites de lo permitido. El tono sedoso de comedia romántica del primer tramo de película lo acompaña Sturges con calculadas dosis de situaciones cómicas a mayor gloria de Stanwyck, Fonda y su extraordinario elenco habitual de cómicos.
El cineasta había escrito muchos guiones en los años treinta sin dirigirlos, pero como le pasó a Billy Wilder quiso también posteriormente hacerse cargo de sus propios guiones para darle vida en la pantalla a las historias que había escrito, y así contar mejor sus ideas visuales de lo que habían hecho otros directores con sus guiones.
La primera parte de la cinta es una comedia romántica con una belleza visual elegante y unos planos fijos de la pareja protagonista en plano medio o en primer plano magníficos, donde hay secuencias que tienen un erotismo sugerido brillantemente, demostrando lo grandes intérpretes que eran Henry Fonda y Barbara Stanwyck y la química que tenían ambos.
Cuando la película aterriza en la mansión de los Pike, Sturges hace sonar su látigo y va dando sutiles y mordaces azotes pequeños a una ridícula y pretenciosa alta sociedad tan preocupada por la apariencia externa de las personas que es fácilmente engañada gracias a sus propios prejuicios. Sturges entra aquí de lleno en su terreno favorito, el de la comedia Screwball, y juega a pisar y soltar el acelerador, distribuyendo sabiamente en la trama gruesos toques de Slapstick (exageración de la violencia física) de los que, a diferencia de otros proyectos suyos, no llega a abusar en ningún momento.
Pero ahora que lo pienso, me temo que estoy hablando solo. Y aunque no fuera así, dudo que muchos espectadores de comedias actuales tengan ni la remota idea de lo que hablo. De hecho, dudo, que haya mucha gente que sepa quién fue Preston Surges. A veces olvidamos que no siempre supimos leer y escribir y que alguien se dedicó a enseñarnos. Preston Sturges fue uno de esos maestros que inventó para nosotros un lenguaje sin el que nada de lo que vino después tendría sentido. Aunque a nadie parezca importarle y hace mucho tiempo que haya dejado de hablarse de ello. Una delicia, no se la pierda.

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