A Place in the Sun (1951)



Director: George Stevens

Duración: 122 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Montgomery Clift, Elizabeth Taylor, Shelley Winters, Anne Revere, Keefe Brasselle, Fred Clark, Raymond Burr, Herbert Heyes, Shepperd Strudwick, Frieda Inescort, Kathryn Givney, Walter Sande, Ted de Corsia, John Ridgely, Lois Chartrand, entre otros.

" George Eastman, un joven sin recursos, consigue un trabajo gracias a un pariente lejano, el rico industrial Charles Eastman. A pesar del parentesco, Eastman le asigna a George un modesto trabajo en su fábrica y le impide la entrada en su círculo social. A pesar de ello, el joven conoce a Angela Vickens, una bellísima aristócrata de la que se enamora. Pero George tiene novia, una humilde empleada de la fábrica, razón por la cual tendrá que afrontar un espinoso dilema moral."

Una película que suma drama, romance, un toque de thriller y análisis social. Desarrolla una intensa y trágica historia de amor, que focaliza la atención en la exploración de los aspectos psicológicos de los personajes: sus emociones, angustias, deseos, ambiciones, frustraciones y conflictos. Reclama a los actores y actrices de su elenco que presten gran atención a la expresión corporal. Para ello la cinta se sirve de primeros planos de rostros completos para crear en el espectador sentimientos de proximidad a los protagonistas y de participacion en la intimidad de los mismos.
La narración se mueve entre dos mundos visualmente muy diferentes. El primero de ellos, el que pertenece a Alice Tripp es oscuro, húmedo, lluvioso, solitario, frío y está amenazado por la posibilidad permanente de una intromisión perturbadora de su casera. Por su parte, el de Angela Vickers es luminoso, soleado, amplio, tranquilo, confortable y acogedor. El primero pareciera representar el universo de la clase trabajadora, explotada, pobre y oprimida, mientras el segundo simbolizaría un mundo donde existe la opulencia, la prosperidad, el poder y el bienestar. Y como bien lo sabemos, pasar de un mundo al otro es prácticamente imposible, generalmente quienes lo intentan corren riesgos muy elevados.
La novela en la que está basada la película surgió a partir de un hecho real, el caso de Chester Gillette, quien fuera condenado a la silla electrica en 1908, acusado de la muerte de su novia embarazada quien respondía al nombre de Grace Brown; esa obra procuró ser fiel al caso y se fundamentó en buena parte, en las emotivas cartas que escribiera la joven ahogada y que iban dirigidas a su novio.
En la película (más que hábilmente) Stevens sostiene un impulso contundente y funesto, sin dejarse interrumpir por cualquier toque de ligereza, atenuando así la veracidad compasivamente humana y real de la historia, dando lugar a un melodrama de primer orden. Las imágenes se disuelven muy lentamente como si estuvieran abatidas y puestas unas sobre otras para intensificar la sensación de inevitabilidad, ya que cada escena, cada evento, se deslizan camuflados hacia el siguiente. La cúspide del relato es manejado con una firme y a la vez parsimoniosa seguridad. El anochecer se junta entre los pinos como si fuese niebla, los somorgujos se llaman los unos a los otros, y las olas reflejan un destello en los ojos dementes de George Eastman, mientras lucha contra su conciencia, mientras su novia Alice lo machaca hablándole acerca de la triste vida que les espera, al mismo tiempo que su cabeza se sumerge entre luminosas visiones de Angela y entonces el destino llega.
Romántica, pero no sentimental, mesurada pero sin pretensiones, angustiante sin descender en la manipulación. Una cinta que no solo se erige como una de las grandes obras maestras del cine americano sino que continua siendo uno ejemplos más lujosamente conseguidos sobre el propio sueño americano.
Donde apenas tiene rival es en la fabulosa pareja Taylor-Clift. ¿Ha existido una pareja cinematográfica como ésta? Pocas parejas pueden presumir el derroche de belleza, elegancia y glamour que destilaba ese dueto. Sus interpretaciones son magnificas y fue durante el rodaje de esta película que nacería su fuerte y cercana amistad.
Es muy probable que esta historia se trate de algo más que el ascenso económico y emocional de un joven humilde americano. Tal vez la diferencia está, no en la situación extrema que se plantea para el protagonista, sino en la manera de abordarla. No hay malos ni buenos del todo. Los personajes aparecen con sus debilidades de tal modo que podemos identificarnos con cada uno de ellos.
La sutilidad del lenguaje y del modo de abordar escenas que podrían haberse convertido en vulgares (en el cine actual, seguro que así habría sido) es la prueba de la lección continua de los directores y guionistas de hace décadas con respecto a los actuales, salvo alguna excepción. No se les olvida que todo puede decirse, insinuarse y hasta mostrarse, pero son las formas las que determinan cuándo estamos ante una buena película, con clase y con respeto al espectador y cuándo nos presentan un bodrio de lo más ordinario y soez.
Para concluir cabría señalar que me encantan los finales osados y que no siguen la sensiblería barata, ni el edulcoramiento. Esta obra, desde su final me ha dejado tan satisfecho hasta el punto del aplauso. Dos amores, una perdición.

Comentarios

Entradas populares