War Horse [2011]




Director: Steven Spielberg

Duración: 146 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, Niels Arestrup, David Thewlis, Tom Hiddleston, Benedict Cumberbatch, Celine Buckens, Toby Kebbell, Patrick Kennedy, Leonard Carow, David Kross, Matt Milne, Robert Emms, Eddie Marsan, entre otros.

" En un pueblo inglés, Albert, el hijo de un granjero, ve nacer un potrillo. Poco después, su padre lo adquiere en una subasta, y el chico le pone de nombre Joey. Pero la familia está en la ruina y no tiene más remedio que vender al caballo justo cuando estalla la Primera Guerra Mundial. Ese es el punto de partida de un viaje en el que tanto Albert como Joey lucharán por sobrevivir a la contienda y volver a estar juntos."

Si esta película nos la pusieran sin tener la oportunidad de leer los créditos, la mayoría llegaríamos rápidamente a la conclusión de quien es el director, ya que lleva su firma a lo largo de todo el metraje.
A estas alturas a nadie le debería extrañar los kilos de azúcar vertidos por parte de Spielberg en su penúltimo trabajo. Estoy hablando de un señor que se ha dedicado durante años a aplicar una especie de calmante a historias que no siempre lo requerían, y en esta obra suya el cineasta parece recuperar los principios sobre los que se asienta su filmografía: relatos grandilocuentes en búsqueda de la lagrima fácil y un hueco en el recuerdo del publico mas accesible. Porque si tuviera que mencionar una característica de su cine es ese sentido de la maravilla que nos regresa a la infancia. Un cine de fácil digestión, aunque tan meloso que puede resultar indigesto en algunas ocasiones. 
Steven Spielberg se siente como pez en el agua con estas historias, en donde mezcla lo increíble (que no es lo mismo que lo absurdo), con el drama y algunas gotitas de humor. Sin duda, los hechos que acontecen aquí no pueden ser reales, porque si lo fueran, de cien casos como este solo obtendríamos el que nos mostró en la pantalla.
Para empezar, no cabe duda de que el auténtico protagonista de la cinta es el caballo. Y es que desde el comienzo se le añade una luz que lo hace sobresalir por encima de todo el elenco. Porque a cada paso que da (y vaya que son muchos, con sus cuatro patas) se le presenta una dificultad a la cual debe hacerle frente. Por ejemplo: pagan mucho dinero por él cuando realmente no los vale por su falta de adaptación al campo, es recibido con mucha rabia por la mujer de la casa, provoca que sus dueños se conviertan en el hazmerreir de sus vecinos, se lo llevan obligado a la guerra, va pasando de mano en mano y con desenlaces fatales para quien lo posee. En pocas palabras, el caballo ese tiene una suertecita peor que la de quien escribe.
Pero vayamos a lo realmente importante, sin caer en dramas innecesarios ni exageraciones, podría decirse que con esta clase de obras Spielberg regresaba a ser el mismo director anticuado. Su cine efectista y purista en las formas se descubre poco emocionante y privado de personalidad. Quizá el seguir una fórmula que funcionaba de manera espléndida en los años 80, lo coloca en un sitio reservado para las viejas glorias. Aunque se haya redimido en cierta manera con Lincoln, no he sentido el menor interés por el cine de este director desde los tiempos de Indiana Jones y E.T. y por el momento será difícil que cambie de idea, ya que este proyecto suyo es una película regular, acomodada y pensada como producto para masas, eso si, de una manufactura fastuosa y meticulosa hasta los límites más remotos.
Esa magnificencia y minuciosidad técnica es la única fortaleza del director y con ese tema cumple a la perfección. Los decorados, la fotografía, los planos largos espectaculares y la música apoyan todo el conjunto de un modo fascinante. La formula Spielberg en todo su apogeo. Fórmula que insisto, pareciera que ha perdido por completo su lugar. 
Como lo expresaba al inicio, juega con lo cómico y lo dramático, a veces con buen resultado y a veces aparentando ser una especie de parodia de cine infantil. A ratos, se presenta repleta de belleza y a veces tenía la impresión de que el caballo o el pato se iban a poner a hablar, aunque esto no sea surrealista.
Esta irregularidad dramática y narrativa comienza a apreciarse a los diez minutos de la cinta, tras un comienzo espectacular que apunta hacia un portentoso drama, no obstante se diluye irremediablemente al avance de los minutos. El aroma clásico del comienzo emula esas historias sencillas e inolvidables del Hollywood clásico. Aquel que estuvo representado por historias sobre las cosas importantes de la vida como el amor, el trabajo, la familia y la amistad. Sencillez que el director utiliza sabiamente para dominar las emociones del espectador, aunque luego decida no seguir ninguno de esos senderos.
Así es, el problema es la historia. Es emotiva, sí, pero no lo suficiente para las pretensiones que sin duda tenía. Se queda a medio camino y el director nacido en Cincinnati nos regala una película correcta sin más, pero que debería haber quedado en el recuerdo colectivo y lo que quedan son instantes y escenas independientes, momentos mágicos o interesantes que si se pueden destacar, solo que el resultado completo resulta bastante insatisfactorio.
En conclusión, una película tan interesante y correcta como intrascendente, que no pasará a ser de las grandes de Steven, debería haber sido algo más, lo malo es que los que realmente lo siguen idolatrando ahora tienen 40 años o más y siguen siendo los que comparten su forma de entender el cine.

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