Far from Heaven (2002)



Director: Todd Haynes

Duración: 107 minutos

País: Estados Unidos/Francia

Reparto: Julianne Moore, Dennis Quaid, Dennis Haysbert, Patricia Clarkson, Viola Davis, James Rebhorn, Bette Henritze, Michael Gaston, Ryan Ward, Lindsay Andretta, Jordan Puryear, Kyle Timothy Smith, Celia Weston, Barbara Garrick, Olivia Birkelund, entre otros.

" Años cincuenta. Una acomodada y modelo de ama de casa que radica en Connecticut lleva una vida aparentemente equilibrada, satisfactoria y programada según los cánones de la familia burguesa americana. Sin embargo, de manera inesperada, tiene que enfrentarse a una crisis matrimonial muy grave y a un mundo exterior que impone limites a las emociones. Un mundo donde el racismo y la tolerancia sexual son fronteras que no se pueden franquear."


¿Por qué no vivir según nuestras pasiones, de acuerdo a nuestros deseos, siempre que estos no ataquen a nadie? ¿Por qué no reconocer las verdades que nos harían libres, y poder así disfrutar del rayo de sol que aparece cada uno de los días? ¿Por qué no poder escapar de existencias "pacificas" y grises para vivir la felicidad que se nos otorga como seres humanos?
¿Qué te queda por delante cuando has construido una vida compartida con alguien, un hogar, unos hijos, y de repente todo se desmorona? ¿Qué se siente cuando descubres la traición, la negra oscuridad que acecha tras la apariencia agradable? ¿Cómo es que ese abismo se abre ante tus pies y que amenaza con tragarte?
En esta película todo queda muy, pero muy lejos del cielo, aquel en el que esas máximas podrían ser posibles, pues con el paso de los años la humanidad ha creado cierta clase de sociedades, unas comunidades y unos valores que atrapan y asesinan como los anzuelos a los peces: si quieres soltarte, pierdes la vida.
Cathy Whitaker vive encerrada en una jaula de oro, pero ella aún no lo sabe. Su vida es tranquila, en compañía de su afectuoso y exitoso marido y sus hijos, viviendo en la comodidad de una preciosa y rodeada de buenos amigos. Además, sin ostentación, pero con un buen nivel de vida, posee hasta servidumbre para que le ayuden siempre que lo necesite. Pero como los árboles que rodean su jardín, que una hoja esté marchita y su color en el sol realce las bellezas de las creaciones de la naturaleza en la tierra; no significa que esa hoja no vaya a caer, que no haya muerto.
Uno de los mejores trabajos de Todd Haynes, cineasta tan atrevido como interesante, fue un intento (muy logrado) de volver a la esencia de cine melodramático, ese que se hacia en cantidad y en calidad en los años 50, ese que muchos llaman clásico, ese que Douglas Sirk realizó con tanto coraje y fascinación en obras como Written on the Wind o All That Heaven Allows, ese cine que ya no se ve en estos tiempos, el que se agarra al corazón y lo encoge en un puño, el cine de toda la vida.
Todd Haynes construye como un maestro de la elegancia un drama impecable con agridulce sabor a clásico. Un magnífico tributo al buen cine de antaño, a ese technicolor que marcó una era con el barniz repleto de colores vivos y contrastados que infundía a la imagen. Y también un rescate para aquellas bandas sonoras cuyas orquestas evocan un estilo, de igual manera a ciertas tendencias, una época de vestidos con faldas de grandes vuelos, de sombreros refinados, de cabellos ondulados rubio platino que recuerdan a Marilyn, coches grandes de líneas alargadas y atrevidas con neumáticos blancos.
La película puede y será tachada por muchos como un mero ejercicio de estilo y por otros como una copia de los esquemas clásicos de Hollywood, pero a mi entender la excelente y compacta composición que el director lleva a cabo en su obra es digna de aplauso, ya que reconstruye el sueño americano, para poco después malgastarlo en un viaje directo a los infiernos. Consigue dar una lección de cine y arrancar sentimientos enterrados, fabrica un producto de lujo de una fascinación visual y sonora sorprendentes, hace gala de un dominio de la cámara, de una puesta en escena para ponerse de pie y desarrolla la narrativa como un maestro. Es decir, no solo homenajea a los clásicos sino que supone una consolidación para la producción cinematográfica tan necesaria como urgente.
Cabría destacar la elegancia con que Julianne Moore se mueve entre la desolación y la afrenta no tiene comparación: es de una enorme calidad, llena de matices en todos los aspectos. Ahí va ella tan segura de sí misma incluso cuando parece que avanza sobre una cuerda floja, pero en realidad cuanto más débiles son los elementos con los que cuenta, se convierte en una mujer más fuerte. 
Y es que son las buenas actuaciones las que enaltecen el producto. Destaca Moore con profundas miradas de impotencia y amor, la actriz tiene momentos cumbre que hacen engrandecer la cinta. La química entre Moore y Haysbert es grande y regalan momentos al borde de la lágrima. Y la original y hermosa banda sonora de Bernstein intensifica con viveza las emociones de ciertas escenas.
De tal forma que, dejando de lado el muy destacable glamour de la obra, lo importante de ella es que los sentimientos rebasan al ejercicio de estilismo. Entre la felicidad aparente (en forma de colores y paisajes que literalmente embrujan) y la felicidad real (representada por la forma de las miradas y expresiones de los protagonistas) siempre hay un equilibrio, sin embargo son las interacciones de los personajes las que proporcionan el sustento emocional de la obra. 
El interesante guión nos muestra adecuadamente lo complicado que resulta para los personajes no exteriorizar sus emociones, pero al mismo tiempo seguirlas aun cuando son contrarias a las normas que la sociedad les impone. Tal vez esa sea una debilidad de la narración, no profundizar más en estos personajes tan cautelosos, tímidos y que todo el tiempo son políticamente correctos y no les obligue a traspasar fronteras con valentía genuina.
Pero la crueldad de atarse a un destino que no se desea por falta de alternativas si sacude el núcleo de la película con mucha fuerza la primera vez que se observa.
Gran labor de elegancia sentimental.

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