
Director: Alfred Hitchcock
Duración: 101 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Cary Grant, Ingrid Bergman, Claude Rains, Louis Calhern, Leopoldine Konstantin, Reinhold Schünzel, Moroni Olsen, Ivan Triesault, Alex Minotis, Wally Brown, Charles Mendl, Ricardo Costa, Eberhard Krumschmidt, Fay Baker, entre otros.
" Alicia Huberman se hace famosa cuando su padre, un espía nazi, es condenado por traición en los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Poco después ella da una fiesta en la que aparece un apuesto extraño llamado Devlin. Tras un enfrentamiento de ingenio y temperamento, Devlin revela a Alicia que él es en verdad un agente de Inteligencia norteamericano y le pide que le ayude a atrapar al cerebro de los nazis Alexander Sebastian. Debido a que se ha enamorado perdidamente del atractivo agente americano, Alicia accede y se gana la simpatía de Sebastian. Pero a medida que se va implicando más y más en su tarea, Alicia se da cuenta que está poniendo su vida en peligro."
Ya no hay actrices como Ingrid Bergman, ya no hay actores como Cary Grant, ya no hay directores como Alfred Hitchcock, ya no hay cine como el clásico. Ese puñado de llaves, esa taza de café. Ese final lleno de tensión.
Reconozco que el principio de la película me pareció su principal debilidad, todo va demasiado rápido, como si Hitchcock quisiera solventar en cinco minutos el enamoramiento de los protagonistas para meternos rápidamente en la historia; es todo muy brusco.
La obra es distinta dentro del universo de Don Alfred, en el que son comunes las situaciones enredadas y hasta cierto punto inverosímiles. Aquí no, el argumento, de hecho, es bastante simple y las situaciones de suspenso se van simplificando y con ello tambien lo hacen los elementos como el llavero, la taza de café y la botella de vino.
A destacar también las escenas románticas. Se dice que debido a la censura que existía en aquellos días en cuanto a los besos demasiado largos en pantalla, Hitchcock sorteó el obstáculo haciendo que Grant y Bergman interpretaran esas escenas en las que hablan de trivialidades a milímetros de distancia dándose pequeños besos constantemente, lo cual, al final resulta más ardiente e indecente que lo prohibido por los que censuraban las muestras de amor en el celuloide. Porque si algo positivo posee la censura es que suele agudizar el ingenio, la capacidad de sugerir, y demuestra el talento sagaz de un director. En pocas palabras y aunque suene reiterativo las escenas "dicen cosas sin decirlas".
Otro atributo de esta realización antes mencionado, es que ambos papeles protagónicos están interpretados por excelentes y míticos actores clásicos. Existe una química especial entre Bergman y Gran, su romance comienza muy rápido, con apenas dos escenas. Pero están maravillosos en esas secuencias en las que al estar en público no pueden hablar claramente, no obstante sus miradas lo dicen todo.
La sencillez y sutileza de esta pelpicula se mezcla con una maestría en el manejo de la cámara y la acción en todo momento, por ejemplo la escena memorable de la fiesta en la que vemos un plano general que se va acercando hasta llegar a un primer plano de la mano cerrada de ella en la que sólo nosotros como espectadores sabemos que allí se encuentra algo muy importante.
Y cómo no hablar de Madame Anna Sebastian, la madre de Alex, ese personaje tan de Hitchcock que a veces recuerda a la inquietante Mrs. Danvers de Rebecca. Otra madre dominante y celosa en un film del maestro del suspenso, un personaje con el que tropezamos a lo largo de su filmografía y que alcanza su punto álgido en Psicosis.
Una creación impregnada por donde se le mire de la esencia de Hitchcock, es una película que apetece ver un fin de semana por la noche para desintoxicarse del panorama cinematográfico actual y recibir una lección magistral de cine.
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