La passion de Jeanne d'Arc (1928)


Director: Carl Theodor Dreyer

Duración: 110 minutos

País: Francia

Reparto: Maria Falconetti, Eugene Silvain, André Berley, Maurice Schutz, Antonin Artaud, Michel Simon, Jean d'Yd, Louis Ravet, Armand Lurville, Jacques Arnna, Alexandre Mihalesco, León Larive, entre otros.

" La joven francesa Juana de Arco, salvadora de la patria frente a los ingleses, y que declara sentirse inspirada directamente por Dios, se enfrenta a su procesamiento y a una posible condena a muerte."

Patrona de Francia, santificada y venerada, Juana de Arco es una figura extraña y carismática. Contribuyó notablemente a fortalecer el espíritu patriótico francés ante el sometimiento británico. Una muchacha humilde devorada por el fuego que se trocaría en una hoguera real, su pena de muerte.
Dreyer no nos muestra a la dama de armas que si quiso enseñarnos Luc Besson, sino que nos conduce por otros senderos y desea que apreciemos a una Juana de carne y hueso, humana, una joven de tan solo diecinueve años, débil, asustada, ante un jurado formado por poderosos ortodoxos de la religión y jueces que no tendrán ningún tipo de piedad con ella. La película de Dreyer se centra en la lucha interior de esa mujer, en su fe en el Dios que le encomendó la salvación y liberación francesa, una fe sometida al desprecio y el desagrado del jurado de la Inquisición. Y qué mejor manera de captar esa lucha, esa tensión acumulada, esa fe desmesurada, que mostrando ese hermoso rostro de la protagonista coronado por esos ojos enormes y expresivos que son realmente el espejo del alma.
Los movimientos de cámara y su fotografía son sus principales cualidades en el apartado técnico y dos de los motivos principales por los cuales esta cinta es tildada de obra maestra del Cine Mudo y de la Historia del Cine en general. Esa sucesión de primeros planos, mostrándonos a los miembros del jurado, evidenciando sus muecas de intransigencia, las miradas de odio que no conseguirán más que firmar un final poco digno de la desafortunada Juana. Porque hay que reconocer que es el aspecto visual tan brillantemente manejado el que hace que una película hecha hace 83 años parezca 30 años más joven, un regalo para la vista, unas imágenes tan poderosas que ya son imposibles de olvidar.
Un ejercicio bestial de cine, un paradigma del cine como arte, una oda a los sentimientos mediante el impacto de las imágenes, un recuerdo imborrable en la memoria y un sinfín de motivos por los que esta cinta sigue siendo una película sin fecha de caducidad.

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