Falso Romance (Tercera Parte)

No sé exactamente en que punto del momento en que se cruzaron nuestras vidas, llegamos a la actividad que le brindaría la intimidad necesaria a la relación que alguna vez tuvimos. Sólo sé que así ocurrío. Esa tarea tan simple tenía que ver con el teléfono. Muchas llamadas entre nosotros dotaron al extraño vínculo que nos unía de una familiaridad muy peculiar.
Este es un dato trascendental por el simple hecho de que aunque no nos viesemos por períodos prolongados de tiempo, solíamos estar al tanto de lo que ocurría en la vida del otro. Ademas porque podría parecer inverosimil que dos personas creen un nexo a través de lo que suele llamarse un medio muy "frío", pero así sucedió, lo juro.
Fue así como a inicios del 2008 me enteraría que se encontraba saliendo con alguien, lo que posteriormente se convertiría en todo un idilio o eso quiso creer mientras lo vivía. Recuerdo muy poco de aquel breve noviazgo; únicamente que se encontraba ilusionada con aquella criatura de origen regio y que para mi mala fortuna se llamaba igual que yo, lo que provocaba diversas comparaciones y algunas burlas de su parte. Nada que yo no pudiera soportar.
Cuando me dio a conocer aquella sorpresiva noticia debo reconocer que lo tomé muy mal e intenté de diversas formas tomar revancha. Todo ello debido a la extraña creencia paranoide que apareció en mi cabeza después de tanto rechazo , que consistía en que ella nada más había jugado conmigo y tal vez nunca estuve tan errado. La insulté y procuré energicamente alejarla de mí, algo que jamás conseguiría hasta ahora. Tiempo después yo me enteraría a través de ella como habría sido el cruel desenlace y me provocaría mucha risa: un dia él decidiría volver a su amado Monterrey y desde allá llamarle para comunicarle que aquello ya no iba más. Habría que reconocerle que era un tipo muy ocurrente.
Cuando su enamoramiento concluyó de manera abrupta yo no estaría en contacto directo con su vacua existencia, puesto que me hallaba en una profunda crisis después de volver a alejarme de mi novia perpetua, lo que yo percibí en aquel instante como una terminación definitiva. Mientras yo me enfrentaba a un sufrimiento continuo ella empezó un nuevo y flamante noviazgo, el cual recapitulando duraría menos que el anterior y eso a nadie le importa. A dichos amoríos ella les pondria el creativo título de "novios de chocolate". Nunca supe si fue por lo amargos o si porque aquellos mortales eran de color parecido a la noche.
En cuanto a mí y a las relaciones intrascendentes, no habría de ser favorecido tampoco. De algun modo tuve que buscar a alguien que curara mi dolor y pretendería arrebatarle un poco de cariño a una ex novia, así como a una compañera casi confidente de la escuela. Ambos intentos serían fallidos, sobre todo el primero que hoy en día comprendo fue un total descalabro y una pérdida de tiempo.
Posterior a mis fracasos amorosos me descubriría a mí mismo en la completa soledad, y aunque por momentos aquella amiga de la que hablé me acompañaba en mi doloroso periplo de aislamiento, nunca me sentí bien hasta que volvi a estar con mi pareja de tantas jornadas.
Sin embargo meses después en una pequeña reunión a la que ambos acudimos más por accidente que por voluntad, invitados por mi consocia de la escuela, yo me enteraría de algunas proezas que mi enamorada había realizado y que me producirían una enorme congoja. De esa terrible velada yo escribí hace mucho tiempo aquí con detalle y la nombré atinadamente"la noche más larga de mi vida". Y por esto, nos apartaríamos algunos días, sin saber cuando nos volveríamos a ver.
Después de aquella horripilante fiesta sin dormir, yo descansaría toda la tarde, para volver a levantarme por la noche y me conectaría para conversar con mi eterno paño de lágrimas de aquellos días. Luego de muchos meses y algunas aventuras en nuestras vidas, acordaríamos volver a concurrir en algún punto de la descomunal ciudad. Eso acontecería una noche fría de julio de aquel año.
Esa cita fue una total desorganización. Muchas llamadas telefónicas, mensajes de texto, caminatas interminables y mucho agotamiento. En un inicio se suponía que nos reuniriamos en la plaza esnob de los primeros encuentros y no fue así, luego en un café que estaba cercano al lugar y tampoco fue allí; después en un oxxo y cuando llegué resultó que no era ese sino el que estaba más adelante. Claro, el más próximo a su casa.
Al arribar a dicho establecimiento ella estaba de espaldas a la entrada, sentada a la mesa contemplando un pequeño frasco y yo la sorprendí tomandola de los hombros. La noté relativamente cambiada, altiva como siempre y tal vez con unos kilos más en su ser, además de un acentuado semblante de aflicción.
Por suerte, aquella vez no aparecerían los ataques de pánico ya que el recipiente aquel contenía las pastillas que lograban dominar sus delirios y la inmensa angustia que la completaba. Me compré un refresco sabor cola y unos cigarrillos, los que compartiría con ella a la entrada de la tienda por varias horas. Para mi asombro en esa ocasión nuestra charla fue lo suficientemente fluída como para volver dicha velada en algo sumamente entretenido. Sí, lo más importante que acaeció ese día fue que lo que habíamos construido a través del auricular por muchos meses se transformó en una realidad y nos acercamos más de lo que hubiera imaginado.
Ella me detalló muchas cuestiones acerca de lo que había sido su vida en esos días que no se habían cruzado nuestras miradas, sin llegar a ser asuntos desgarradores o algo por el estilo. Yo me limité a contar muchas mentiras para no entrar en terrenos escabrosos o que la invitaran a hacerme miles de cuestionamientos y funcionó de manera adecuada. Jamás sospechó que yo estaba totalmente destrozado a causa de una mujer y sus mentiras. Debo expresar con sinceridad que fue una de las mejores experiencias que tuve en su compañía, incluso me emocioné a tal grado por tanta armonía que existió entre nosotros ese anochecer, que incluso volví a imaginarme con insistencia como sería andar con ella. Las cosas se modificaron tanto que, ahora ya no deseo saberlo.
Los temas se agotaron y ella me pidió que la acompañara a su casa. El camino hacia allá fue algo verdaderamente espantoso, nunca se me había ocurrido que aquel pueblo tan pedante cambiara tanto de noche. Dimos muchas vueltas por distintas calles y si mi ubicación no fuese tan buena casi certificaría que me hallaba perdido en la nada. Su casa destacaba bastante si se comparaba con el tipo de viviendas que había alrededor, no muy pomposa, pero ciertamente con un dejo presunción. En pocas palabras se notaba a simple vista que allí no vivía alguien a quien le hiciera falta el dinero. Me invitó a pasar y yo me negué alegando que esas ya no eran horas para realizar visitas. Aceptó mi negativa y nos despedimos de forma cordial.
Todavía me sigo preguntando cómo conseguí salir de aquella colonia sano y salvo, ya que todo está tan obscuro y solitario que es casi un milagro que no me haya ocurrido nada. Obviamente la travesía fue completamente diferente a la que había llevado a cabo con ella, no obstante el miedo, mi desconomiento de las calles y el frio logré salir de ahí.
Días después yo volvía (para no variar) con la misma mujer con la que tanto he sufrido y llorado, mas también he gozado y eso es poco decir.
No nos volvimos a ver en lo que quedaba de ese año y sin embargo la tradición de las llamadas telefónicas jamás cesó. En muchas de ellas tuvo el desatino de hacerlo cuando me encontraba con la fémina afortunada; yo por respeto le tuve que pedir que me llamara después y ella lo consideraría una enorme grosería de mi parte. Nunca me lo perdonaría y yo siempre lo estimaría algo sumamente excesivo.
Las cosas y la gente continuamente están cambiando, se mueven, pese a que en algunas ocasiones sea para atrás. Llegaría un nuevo año, el 2009 y con el muchas sorpresas, algunos podrían tildarles de fascinantes, otros las designarian como chascos y yo las denominaría experiencias. Igualmente nuestra relación se modificó, sólo que ya habrá una nueva oportunidad de seguir relatando mas sobre esta falsa historia de amor. Y ya verán algún día por qué fue así.

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