Arthur (1981)



Director: Steve Gordon

Duración: 97 minutos

País: Estados Unidos


Reparto: Dudley Moore, Liza Minnelli, John Gielgud, Geraldine Fitzgerald, Jill Eikenberry, Stephen Elliott, Ted Ross, Barney Martin, Thomas Barbour, Anne De Salvo, Marjorie Barnes, Dillon Evans, Maurice Copeland, Justine Johnston, Paul Vincent, entre otros.

" Arthur Bach es el millonario más encantador del mundo, pero la mayor parte del tiempo está borracho. De repente, su familia le plantea un dilema: si quiere heredar 750 millones de dólares deberá casarse con su aburrida novia de Long Island en menos de un mes."

Si como espectador considera que esta película es básicamente un detallado estudio sobre el carácter de un alcohólico excéntrico, y que su principal falla es que carece de un tercer acto que selle la estructura completa de la obra, seguramente la apreciamos de maneras desiguales. 
Es posible que se trate de una película para ver ebrio. Yo acababa de beberme un café cargado y estaba excesivamente lúcido como para entender toda la proliferación de gestos nuevos que va sufriendo el protagonista en cada escena.
Sería relativamente sencillo ignorar el hecho de que aún en 97 minutos de metraje, la película cuenta con un encanto único en más de la mitad de ese tiempo y me temo que la razón de ello, no es ni tan obvia ni tan evidente como para poder explicarla.
Maravillosamente interpretada y con un guión inimitable repleto de humor negro (el cual seguramente en 1939 no habría parecido único, pero que sinceramente lo es después de la escasa competencia que ha tenido en el género en décadas pasadas) convierten a esta creación de Gordon en un verdadero acercamiento al famoso screwball de aquellos días. Un retorno genuino y acertado.
Arthur Bach es un alcohólico agradable y festivo. Como tal, sería imposible tomarlo seriamente. Jamás le permitirian ingresar en los restaurantes más finos. Con él, nunca podrías ir a una de esas tardes de compras. Y en su compañía, todas las chicas se alejarían. Sin embargo, Arthur es el heredero de una fortuna que se acerca al billón de dólares. No ha trabajado un solo día de su vida y tiene dos sirvientes, Hobson y Bitterman, quienes han estado siempre con él.
Así que un día, su padre finalmente le pone un ultimátum: o se casa con la fiel (y rica) Susan Johnson, o de plano se queda sin fortuna. Esto ocurre justo en el mismo instante en que Arthur acaba de enamorarse (Quizá por primera vez en su vida) de la mesera/aspirante a actriz, Linda. Y entonces, ¿Arthur eligirá el efectivo o la chica? Seguro que has visto alguna cinta de este tipo antes, y por lo tanto conoces perfectamente que sucede después.
El guión escrito por Steve Gordon es tan maravilloso que es probable que haya olvidado que fue él quien lo elaboró y únicamente me dediqué a imaginarlo como director lo más lejos posible de la filmación, permitiendo que fuera el reparto quien le sacara el mayor provecho a sus hilarantes diálogos.
Hay algo que predomina en la cinta, es como si fuera el tema principal de la misma: la risa de Dudley Moore. Es lo primero que escuchamos y sigue sonando durante la película entera. Yo las definiría como carcajadas maniacas, casi incontrolables. Probablemente si tu vecino se riera así, te hartarías de él en menos de una hora. Por alguna razón, Moore se asegura de que nunca, como espectadores, nos exasperemos de Arthur. 
Y va más allá. Se asegura de que no nos hastiemos de su vida colmada de privilegios, de sus demandas, de su forma embarazosa de actuar y de la gente que a pesar de ello lo sigue amando. No nos enfermamos de la forma tan simple en la que explica su alcoholismo. Y esos son hechos irrefutables. 
Moore tambíen consigue tocar el piano con una habilidad impresionante, tirar y caerse sobre las cosas que se encuentra en su camino (una de sus mejores destrezas), y hasta logra besar a un caballo (sin comentarios). Además, Moore gozaba de una química fabulosa con Liza Minelli, quien seguramente no ha tenido un mejor papel desde entonces. Mi problema con ella es que nunca conseguí distinguir en que momento ella deja de sentirse atraída por el dinero y comienza a amar al hombre. No la culpo por eso, conozco a varias mujeres así.
Gran parte del encanto de la cinta se la brinda John Gielgud. Uno de los grandes actores de su generación formados en la escuela shakesperiana y seguramente la mayor parte de los fanáticos de este proyecto estarán de acuerdo conmigo y lo recordarán con afecto. Porque está interpretando a un mayordomo, y porque su interpretación es tan completa que incluso cuando hace algún chiste lo hace con tal seriedad que deslumbra, incluso cuando está en situaciones tan jocosas como estar acostado en una cama y lleva puesto un sombrero de vaquero. Más allá de ser el centro moral de la película, nadie desarrolla mejor la esencia de los diálogos de Gordon. El personaje de Hobson es humano. Es rápido para regañar a la gente, pero no cabe duda que lo hace porque realmente se preocupa por ellos.
En fin, probablemente no sea contar parte fundamental de la trama señalar que el final cae en los lugares comunes de toda esta clase de cintas, las que podría denominar "comedia romántica" y que por ello se le podría acusar de retratar un problema tan serio como el alcoholismo de manera frívola. Pero francamente, miren cuanto tema me ha dado para discursear un ejercicio tan superficial como este. Prefiero quedarme con esa reflexión. Ah... y escuchen Arthur's Theme de Christopher Cross, vale la pena.

Dato Curioso: Steve Gordon, director de la película, falleció justo un año después de que su creación fuera lanzada. Fue su primera y última obra. Debut y despedida. Tenía 44 años.

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