Au hasard Balthazar (1966)




Director: Robert Bresson

Duración: 95 minutos

País: Francia/Suecia

Reparto: Anne Wiazemsky, Walter Green, Francois Lafarge, Jean-Claude Guilbert, Philippe Asselin, Pierre Klossowski, Nathalie Joyaut, Marie-Claire Fremont, Jean Joël Barbier, Guy Renault, Jean Rémignard, Guy Brejac, Mylène Weyergans, Jacques Sorbets, Francois Sullerot, entre otros.

" Baltasar es un burro que vive sus primeros años rodeado de la alegría y los juegos de los niños hasta llegar a la edad adulta, en que es utilizado como una bestia de carga y maltratado por sus diferentes amos."

Tengo la absoluta certeza de que me encuentro, indudablemente, ante una notable película. No obstante, hay algo, no sé muy bien qué, que no me termina de convencer del todo.
La acción dramática tiene lugar en un pueblo cualquiera de la campiña francesa. Tras su nacimiento en una granja, el burro es adquirido por el padre de Marie, que lo usa como animal doméstico de juegos y compañía de sus hijos. La bancarrota le obliga a venderlo y a partir de entonces su propiedad pasa de mano en mano. El borrico sirve sucesivamente como animal de carga, de trabajo agrícola, de reparto de pan, de atracción y otras cuantas labores. El jumento es noble, paciente, sufrido, sacrificado, resistente y diligente. Con su sencillez y naturalidad se gana el corazón del espectador. 
También tenemos oportunidad de conocer a los personajes interpretados por humanos, entre los que mencionaría primero al padre de Marie quien es orgulloso e inmensamente terco, luego vemos a Gérard, el líder de una pandilla que es vanidoso y malvado. Para cerrar, toda la gente del pueblo que es miserable, cruel, egoísta y estúpida.
Nada más por esa simple razón, esta cinta es el mejor reflejo de la miseria animal humana, porque aunque el burro Baltasar no es humano, es un animal como tú, como yo y como el vecino de enfrente. Es decir, es un ser que posee la necesidad de querer comer y beber todos los días, un ser con exigencias tan raras como el querer cagar y mear tranquilo, con necesidades sexuales que lo lleven a querer introducir su cosa de vez en cuando, y con una incomprensible respuesta a los estímulos que le sumen en el terror al escuchar la explosión de unos cohetes, a rebuznar cuando reconoce a uno de sus maltratadores, a temblar cuando está cubierto de nieve o a buscar cobijo cuando consigue deshacerse de otro de sus dueños. Muy raro todo eso. Me parece que los seres humanos también hacemos mucho de todo eso, aunque insistamos en diferenciarnos de los otros "animales". Nada más que nuestra naturaleza está inclinada más a la crueldad innata, a los impulsos violentos, a las conductas destructivas, a las debilidades y a nuestra perversidad natural.
Frente a esta realidad, el burro simboliza la virtud, la perfección y la gracia. Para el director el asno es en cierto modo la imagen de los humanos, es decir, el burro y aquellos no tienen el control del mundo que les rodea y de los acontecimientos que marcan sus existencias. Y podemos ir más allá, para el realizador la facultad de pensar no permite al ser humano administrar sus decisiones de respuesta ni su entorno. Para ello un ejemplo: 
Marie a la hora de elegir entre la bondad y el afecto de Jacques (quien es su amigo de la infancia), y la brillante perversidad de Gérard, opta por éste último, pese a que la maltrata, abusa de ella y la desprecia. 
La perversidad ejerce sobre el ser humano una fuerza de atracción tan grande y tan eficaz que convierte la libertad en una ilusión. Y después no queda nada. Excepto el aire, que lo llena todo.

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