Unfaithfully Yours (1948)





Director: Preston Sturges

Duración: 105 minutos

País: Estados Unidos


Reparto: Rex Harrison, Linda Darnell, Rudy Vallee, Barbara Lawrence, Kurt Kreuger, Lionel Stander, Edgar Kennedy, Al Bridge, Julius Tannen, Torben Meyer, entre otros.

“El director de orquesta Sir Alfred de Carter sospecha que su mujer le es infiel. Durante uno de sus conciertos, imagina tres maneras de resolver sus problemas conyugales. Pero la realidad dista mucho de la ficción."


Aunque haya dirigido algunas cintas más después de este gran proyecto, debo ser completamente sincero, esta debe ser la última genialidad de uno de los grandes directores-escritores de comedia de Hollywood. Claro, me refiero al espléndido Preston Sturges. Y claro, como era de esperarse en él, qué manera de despedirse de este mundo.
El protagonista de esta gran obra es Rex Harrison. En esta ocasión, Harrison interpreta a un tal Sir Alfred de Carter, un renombrado director de orquesta, nativo de Inglaterra, que todo el tiempo presume el amor a su mujer, cuyo nombre es Daphne, a la que comúnmente se refiere como su "novia". Aunque al parecer su unión sea más cercana al matrimonio.
La película nunca aclara cuan largo o corto ha sido el tiempo que los enamorados han estado casados, pero a juzgar por el nivel de su pasión, uno adivinaría que siguen todavía en la etapa que suele denominarse como "luna de miel".
Esta película es una clara muestra de un subgénero de la comedia que alcanzó su punto máximo durante los años 30 y los años 40, a cual se le conocía como Screwball. El término se podría traducir literalmente como zigzagueante, ya que tomó su nombre de un tipo de lanzamiento de béisbol, en el que la bola toma diversos efectos. La gran depresión tuvo la culpa de su nacimiento, debido a que se utilizó como vía de escape a los problemas que molestaban a la gente en aquella época. Uno de sus principales creadores y representantes fue Preston Sturges.
No es muy común que un cineasta logre influir en el espectador la primera vez que se tiene oportunidad de apreciar alguna de sus realizaciones, que fue exactamente lo que Sturges generó en mí cuando miré The Lady Eve. Logro distinguir que uno de sus sellos eran los diálogos, que son, metafóricamente hablando, tan filosos como una navaja de afeitar, esto es: impregnados de un sarcasmo tan fino que en ocasiones es difícil de reconocer.
El gran mérito de la cinta es ese toque amargo de denuncia, una cruda acusación social contra la institución más elemental de todas: el matrimonio. En pocas palabras, la disección más salvaje que se pudo hacer del enlace entre dos seres humanos en el cine.
La escena que podría llamar el clímax de la historia y el recurso más llamativo de la misma ocurre cuando, acudimos al concierto en donde logramos como espectadores insertarnos en la mente de Sir Alfred y espiamos de cerca, cada uno de sus pensamientos. Mientras tanto, en el fondo, escuchamos piezas famosos de compositores como Rossini, Tchaikovsky y Wagner.
Al mismo tiempo que guia cada una de las piezas, se concentra en su amada mujer. Así es como llega a imaginar el asesinato perfecto, el cual culmina con la muerte de Anthony su asistente. Luego fantasea con ser una versión suya de un hombre casi canonizado que prefiere perdonarla y ser generoso, compartiendo su fortuna con ella. La última de sus ensoñaciones es tan dramática que prefiero no mencionarla, sólo diré que incluye una pistola.
Por supuesto, si esta hubiese sido una película de Hitchcock, hablaría de un desenlace completamente esperado. En este caso, Sturges, hace todo lo posible porque esto último jamás ocurra. Ahí está plasmado su sello personal.
A pesar de todo esto, la cinta fue un fracaso total. Lamentablemente estuvo rodeada de una atmósfera de muerte de la que no pudo escapar. Primero, uno de los actores murió meses del estreno. Luego el escándalo de la amante de Harrison, Carole Landis ya que el no quiso divorciarse de su esposa y la actriz, incapaz de superar la situación, terminó suicidándose. Y por supuesto, la idea central del proyecto (hacer bromas sobre temas como el asesinato o el suicidio fue demasiado) para un público que estaba cansado y tratando de dejar atrás la segunda guerra mundial. Fue así como la película fue un descalabro del que Sturges no pudo recuperarse jamás.
En fin, ¿Qué se le va a hacer? Básicamente una de las comedias negras más divertidas que se haya realizado en todos los tiempos. De visión obligada.

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