Intouchables (2011)



Directores: Olivier Nakache y Eric Toledano

Duración: 112 minutos

País: Francia

Reparto: Francois Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet, Alba Gaia Kraghede Bellugi, Cyril Mendy, Christian Ameri, Grégoire Oestermann, Joséphine de Meaux, Dominique Daquier, Francois Caron, Thomas Solivéres, Dorothée Brière, Marie-Laure Descoureaux, entre otros.

" Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth, Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y prendas para hacer deporte. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie de la que saltan chispas."


¡Qué película! Creo que no me equivocaría si dijera que esta es la película que ha conseguido que desde el primer minuto hasta el último no me pare de reír. Sin exagerar. El ritmo de bromas o chistes no decae en casi ningún momento de la cinta, ni en cantidad, ni por supuesto en calidad. Aunque no hay que olvidar el aspecto más dramático de la obra, de igual manera muy bien logrado, que acompaña al lado humorístico, complementándose en todo momento. Es decir, las dos vertientes van siempre de la mano y en cada momento humorístico palpamos el dramatismo, y viceversa.
La amistad, como tantas cosas en esta vida dominada por el azar, en algunas ocasiones surge donde, cuando y como uno no se lo espera. Es uno de los pequeños milagros con los que tenemos la suerte de cruzarnos de vez en cuando. Ese enigma de la química que entrelaza los destinos más dispares.
Philippe no necesita a otro aburrido y frío terapeuta físico que le haga notar a todas horas el peso de un cuerpo que no puede sentir, o que le haga detestar el lento transcurrir de los minutos que a veces llegan a ser muy crueles. Encontrar a Driss, un inmigrante al que ni se le había pasado por la mente dedicarse a cuidar a una persona discapacitada, es el aire fresco que alivia a Philippe en sus crisis de angustia. Le hace reir, y con el al espectador que se carcajea de buena gana ante el descaro, el humor y la espontaneidad del joven, que no puede estar más fuera de lugar en esa mansión, y sin embargo al poco tiempo su presencia es tan imprescindible que ya no puede existir la elegante casa sin el toque rebelde y divertido que Driss aporta.
La forma como se aborda el sufrimiento es ejemplar. La sonrisa permanente. Malvada a ratos, inteligente siempre. El filme es sincero y honesto consigo mismo, pero lo es aún mas con el espectador. Hay que ponerse de pie ante la exhibición actoral que ofrecen François Cluzet y Omar Sy. Nada, absolutamente nada sobra en una de las mejores comedias europeas que yo haya podido observar.
Todos deberíamos tener un amigo así. Aunque algunos puedan afirmar que la historia es ficción, que un asaltante de bancos no podía transformarse en alguien humano y comprensivo; a mí lo que me importa es el concepto, la noción de que al interior de la desgracia hay posibilidad de ser feliz, que hay esperanza para los desafortunados, que los amigos están para hacernos sentir mejor, y no solo con respecto al mundo, sino con nosotros mismos.
¿Cuántas veces forzamos la empatía hacia los demás porque es lo correcto y lo que se debe hacer? ¿Cuántas veces me habrán mirado a la cara y habrán pesando de mí que soy un idiota por hacer bromas en momentos difíciles? ¿Acaso es obligatorio fingir, o es delito ser espontáneo? ¿Tan incorrecto es ser uno mismo? ¿Es faltar al respeto el hablar con sinceridad? Pues para toda la hipocresía y para toda esa gente que actúa de esa manera les recomiendo que vean esta maravillosa película. Quizás, se den cuenta de que el respeto consiste en tratar a las personas por igual, de tú a tú, de aceptarlas tal y como son. Tal vez, eso sea demasiado pedir, pero si en un país como Francia pasan cosas así, es probable que no todo esté perdido.

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