
Director: Sergio Leone
Duración: 132 minutos
País: Italia/España/Alemania/Mónaco
Reparto: Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Gian Maria Volontè, Mara Krupp, Luigi Pistilli, Klaus Kinski, Joseph Egger, Panos Papadopulos, Benito Stefanelli, Roberto Camardiel, Aldo Sambrell, Luis Rodríguez, Tomás Blanco, Lorenzo Robledo, Sergio Mendizábal, entre otros.
" Dos cazadores de recompensas a la caza del mismo hombre deciden unir sus fuerzas para intentar encontrarlo juntos, aunque las motivaciones de ambos resultarán completamente diferentes."
A los que verdaderamente aman el cine de Sergio Leone, sienten vergüenza que Tarantino use su nombre para hacer ciertas películas, ya que no vemos a Leone por ningún sitio. En realidad a los verdaderos fans de Tarantino no les gusta Leone, si no hagan el estudio y lo verán.
A mi juicio esta segunda película de la llamada "Trilogía del dólar" es incluso ligeramente superior a 'El bueno, el malo y el feo'.
En esta nos encontramos el spaguetti-western por antonomasia, sin más aditivos como le sucederá a la siguiente con la crítica a la guerra civil norteamericana.
La musica de Ennio Morricone es una de las cinco mejores que compuso el genial músico italiano.
Unos filtros en la cámara que dan unas tonalidades amarillentas que resaltan el polvo y el calor del desierto como nunca.
Secuencias inolvidables como la entrada de Clint al pueblo mexicano o el memorable último duelo con la música de Morricone sonando de fondo, hacen de esta película una pequeña obra maestra del western y del cine europeo.
La historia mucho más elaborada y compleja que su antecesora genera que los personajes cobren vida propia y que se conviertan en íconos que se copiarán hasta la saciedad por muchos directores.
Destacar a Gian Maria Volontè que está magnífico en su papel del "Indio" y que demuestra que fue uno de los mejores actores italianos en los sesenta. Lástima que no se prolongara más allá.
Lee Van Cleef haciendo de "bueno" está casi igual de convincente que de malo y está claro que Clint Eastwood se sentía ya tan cómodo en su papel que no necesita más que ser él mismo.
Pero si esta cinta valdría por su calidad cinematográfica para ser recordada, además supone la confirmación de una nueva forma de ver y hacer westerns.
Desde entonces ya nunca volvería a ser lo mismo, ni los espectadores volverían a verlo de la misma forma.
En el Oeste no todo estaba hecho. Menos mal que un italiano se dió cuenta de que quedaban cigarros por prender, balas que disparar, canciones que silbar, espuelas que oir, whiskey que beber y mucho cine por hacer.
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