
Director: Joseph L. Mankiewicz
Duración: 138 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Bette Davis, Anne Baxter, George Sanders, Celeste Holm, Gary Merrill, Hugh Marlowe, Gregory Ratoff, Barbara Bates, Marilyn Monroe, Thelma Ritter, Walter Hampden, Randy Stuart, Craig Hill, Leland Harris, Barbara White
" Una joven, que aspira a convertirse en actriz, se las ingenia para introducrise en un grupo de actores de teatro. El deseo de actuar y los celos la consumen hasta el punto de traicionar a sus compañeros, en su escalada hacia el éxito. Ella halaga, atrae, seduce y, algunas veces, pisotea a todo el que se cruza en su camino: escritores, directores, productores e incluso sus esposas. Sólo un inteligente crítico teatral adivina lo que se esconde tras su dulce apariencia, sólo él es capaz de ver a Eva al desnudo".
Hay un fenómeno que se repite una y otra vez en el cine, y supongo que en todos los campos de interpretación, que es cuando las actrices cumplen los cincuenta de repente desaparecen. No siempre, claro, muchas actrices se mantienen (y digo actrices, porque parece que a los actores con esa edad les dan más trabajo que a ellas), pero son las menos. Y no creo que la culpa de esto la tengan los productores o el público, sino el tiempo, que no perdona. El estrellato, la fama y la gloria se reducen a un ciclo que se renueva una y otra vez bajo la batuta del tiempo. De esto y mucho más habla esta película.
No es un homenaje al teatro, para nada. El "ambiente" teatral es sólo un mero escenario, va infinitamente más allá. Habla de los sueños que una vez cumplidos ya no son sueños, sino una mera propiedas, aquí en forma de galardón, que no significa nada. Pero que para alguien lo significa todo, alguien que desea exactamente ese galardón. Pero, qué cosa, cuando la persona que posee el galardón se da cuenta de que otra lo quiere, saltan chispas. Y no sólo habla de esto.
Podría escribir horas y horas, y creo que jamás terminaría de contar de todo lo que habla, por eso, lo reduzco en que habla sobre la vida en general. Decir otra cosa es quedarse corto.
Y para llevarnos por esta historia, la película se sirve de uno de los guiones más asombrosos, inmejorables y perfectos que yo he visto en forma de película. Es un prodigio de sugerencia y explicitud, según convenga, y si se explicita, es en forma de los diálogos más ingeniosos, y a la vez naturales que concebirse pueda; diálogos que desgranan a los personakes, que nos los describen, que los hacen perfectamente creíbles y humanos.
Pero encima de toda la galería de personajes que desfilan por la película no sólo están perfectamente escritos, sino que también están encarnados por interpretaciones excelsas. Por encima de todo, la actuación de Bette Davis, maravillosa, con una mirada que acuchilla, grandiosa, de una fuerza descomunal; seguida de ella, va un George Sanders genial, el cinismo y la ironía adquieren arte cuando salen de su boca; y después van Anne Baxter y Celeste Holm, profundamente creíbles, haciendo grandes creaciones. Y los demás secundarios muy bien.
Es que de lo maravillosa que es da asco, todos y cada uno de sus aspectos externos e internos funcionan a la perfección.
Esta película es un milagro, un placer inconmensurable, al que se puede volver una y otra vez porque siempre parece nueva, un despliegue de ingenio y sabiduría. Y aunque de entre todos los temas que toca, uno de ellos sea el inquebrantable paso del tiempo, esta película alcanza la inmortalidad. Soberbia.
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